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( En México )
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1.
Canción del elegido
2. Te doy una canción
3. Madre
4. Pequeña serenata diurna
5. Mariposas
6. Papalote
7. Fusil contra fusil
8. La era está pariendo un corazón
9. El rey de las flores
10. Esto no es una elegía
(1969) Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de un niño o de se sí, pero mi historia es difícil: no voy a hablarles de un hombre común. Haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal de galaxia. Es una historia que tiene que ver con el curso de la Vía Láctea. Es una historia enterrada. Es sobre un ser de la nada. Nació de una tormenta en el sol de una noche, el penúltimo mes. Fue de planeta en planeta buscando agua potable, quizás buscando la vida o buscando la muerte eso nunca se sabe. Quizás buscando siluetas o algo semejante que fuera adorable, o por lo menos querible, besable, amable. El descubrió que las minas del rey Salomón se hallaban en el cielo y no en el África ardiente, como pensaba la gente. Pero las piedras son frías y le interesaban calor y alegrías. Las joyas no tenían alma, sólo eran espejos, colores brillantes. y al fin bajo hacia la guerra… ¡perdón! quise decir a la tierra. Supo la historia de un golpe, sintió en su cabeza cristales molidos y comprendió que la guerra era la paz del futuro: lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida. La última vez lo vi irse entre humo y metralla, contento y desnudo: iba matando canallas con su cañón de futuro.
(1970) Cómo gasto papeles recordándote Cómo me haces hablar en el silencio Y cómo no te me quitas de las ganas Aunque nadie me vea nunca contigo Y cómo pasa el tiempo Que de pronto son años Sin pasar tú por mí Detenida Te doy una canción Si abro una puerta Y de las sombras sales tú Te doy una canción De madrugada Cuando más quiero tu luz Te doy una canción Cuando apareces el misterio del amor Y si no lo apareces No me importa Yo te doy una canción Si miro un poco afuera Me detengo La ciudad se derrumba Y yo cantando La gente que me odia Y que me quiere No me va a perdonar Que me distraiga Creen que lo digo todo Que me juego la vida Porque no te conocen Ni te sienten Te doy una canción Y hago un discurso Sobre mi derecho a hablar Te doy una canción Con mis dos manos Con las mismas de matar Te doy una canción Y digo: Patria Y sigo hablando para ti Te doy una canción Como un disparo, como un libro Una palabra, una guerrilla Como doy el amor
(1974) Madre, en tu día no dejamos de mandarte nuestro amor. Madre, en tu día con las vidas construimos tu canción. Madre, que tu nostalgia se vuelva el odio más feroz. Madre, necesitamos de tu arroz. Madre, ya no estés triste, la primavera volverá, madre, con la palabra libertad. Madre, los que no estemos para cantarte esta canción, madre, recuerda que fue por tu amor. Madre, en tu día -Madre Patria y Madre Revolución-, Madre, en tu día tus muchachos barren minas de Haiphong.
(1974) Vivo en un país libre cual solamente puede ser libre en esta tierra, en este instante y soy feliz porque soy gigante. Amo a una mujer clara que amo y me ama sin pedir nada —o casi nada, que no es lo mismo pero es igual—. Y si esto fuera poco, tengo mis cantos que poco a poco muelo y rehago habitando el tiempo, como le cuadra a un hombre despierto. Soy feliz, soy un hombre feliz, y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad.
(1972) Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero desde que sé que no vendrás más nunca he vuelto a ser aquel caudal del aguacero que hizo casi legal su abrazo a tu cintura y tú apareces por mi ventana suave y pequeña, con alas blancas yo ni respiro para que duermas y no te vayas. Qué maneras más curiosas de recordar tiene uno. Qué maneras más curiosas Hoy recuerdo mariposas que ayer sólo fueron humo Mariposas, mariposas, que emergieron de lo oscuro bailarinas silenciosas. Tu tiempo es ahora una mariposa navecita blanca, delgada, nerviosa Siglos atrás inundaron un segundo debajo del cielo, encima del mundo Así eras tú en aquella tarde, divertida Así eras tú de furibunda compañera Eras como esos días en que eres la vida y todo lo que tocas se hace primavera ¡Ay mariposa!, tu eres el alma de los guerreros que aman y cantan y eres el nuevo ser que hoy se asoma por mi garganta. Qué maneras más curiosas de recordar tiene uno. Qué maneras más curiosas Hoy recuerdo mariposas que ayer sólo fueron humo Mariposas, mariposas, que emergieron de lo oscuro bailarinas silenciosas. Tu tiempo es ahora una mariposa navecita blanca, delgada, nerviosa Siglos atrás inundaron un segundo debajo del cielo, encima del mundo
(1972) Será por tu vivienda hecha de ruinas y de misterios, porque partías la roca para ganarte un par de medios, o por tus tirapiedras, los mas famosos de la loma, de la mejor horqueta de la guayaba, y duras gomas. Será por todo esto que mi memoria se empina a ratos, como tus papalotes, los invencibles, los más baratos; y te levanta en peso, Narciso el Mocho, para ponerte entre los elegidos: los que no caben en la muerte. El papalote cae, cae, cae, cae, cae el papalote cae, cae, cae, cae, cae se va a bolina la imaginación buena cuchilla lo picó Una vez de tus manos un coronel salió brillando. Qué pájaro perfecto, cuántos colores, qué lindo canto. Ninguno de nosotros iba a volarlo ya se sabía era un encargo caro del que mandaba, del que tenía. Llevabas en el puño aquel dinero de la tristeza, dinero de aguardiente, del sol de Cuba, de la cerveza; y te seguimos todos a celebrarlo sucios y locos: para ti Carta Oro y caramelos para nosotros. El papalote cae, cae, cae, cae, cae el papalote cae, cae, cae, cae, cae se va a bolina la imaginación buena cuchilla lo picó Una noche respeto bajó y te puso bella corona. Respeto de mortales que muerto al fin te hizo persona pobre del que pensó pobre de toda, aquella gente, que el día mas importante de tu existencia fue el de tu muerte. El papalote cae, cae, cae, cae, cae el papalote cae, cae, cae, cae, cae se va a bolina la imaginación buena cuchilla lo picó.
(1968) El silencio del monte va preparando un adiós. La palabra que se dirá in memoriam será la explosión. Se perdió el hombre de este siglo allí, su nombre y su apellido son: fusil contra fusil. Se quebró la cáscara del viento a sur y sobre la primera cruz despierta la verdad. Todo el mundo tercero va a enterrar su dolor. Con granizo de plomo hará su agujero de honor, su canción. Dejarán el cuerpo de la vida allí, su nombre y su apellido son: fusil contra fusil. Cantarán su luto de hombre y animal y en vez de lágrimas echar, con plomo llorarán. Alzarán al hombre de la tumba al sol y el nombre se repartirán: fusil contra fusil.
(1968) Le he preguntado a mi sombra a ver como ando para reírme, mientras el llanto, con voz de templo, rompe en la sala regando el tiempo. Mi sombra dice que reírse es ver los llantos como mi llanto, y me he callado, desesperado y escucho entonces: la tierra llora. La era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir en cualquier selva del mundo, en cualquier calle. Debo dejar la casa y el sillón, la madre vive hasta que muere el sol, y hay que quemar el cielo si es preciso por vivir, por cualquier hombre del mundo, por cualquier casa.
(1970) Al Rey de las Flores lo conocí por la tarde, hace algún tiempo. Me llamo la atención su tono de arcoiris en la piel y su corona de papel. El Rey de las Flores tiene su pueblo en un bosque muy remoto, dos pulgadas detrás del sol. Cada inquilino en una flor y en cada piso está el amor. El Rey de las Flores tiene lagartos que cantan de salto en salto, tiene batallones de abejas chiquitas y arañas, babosas y aves bonitas. El Rey de las Flores trabaja y trabaja, su pueblo también trabaja. Derrumba los bosques de hierba, tan altos. Navega en los charcos de agua del campo. El Rey de las Flores tiene sus fábricas dentro de la tierra. Cada obrero hace una flor que en primavera crecerá; si no, una mosca las lloverá. Sobre los floridos campos del Rey de las Flores veo a mi hijo y llamándolo hay una voz: quedó partido en dos mitades por una bomba que calló.
(1973) Tú me recuerdas el prado de los soñadores El muro que nos separa del mar, si es de noche Tú me recuerdas sentada, ciertos sentimientos Qué nunca se sabe que traen en las alas Si vivos o muertos, si vivos o muertos Me quito el rostro y lo doblo encima del pantalón Si no he de decir tu nombre, si ajeno se esconde No quiero expresión Suelen mis ojos tener como impresos sus sueños, risueños Tú me recuerdas las calles de La Habana Vieja La Catedral sumergida en su baño de tejas Tú me recuerdas las cosas, no se, las ventanas Donde los cantores nocturnos cantaban Amor a La Habana, amor a La Habana Esto no es una elegía, ni es un romance, ni un verso Más bien una acción de gracias Por darle a mis ansias razón para un beso Una modesta corona encontrada en la aurora Tú me recuerdas el mundo de un adolescente Un seminiño asustado, mirando a la gente Un ángel interrogado, un sueño acostado La maldición, la blasfemia de un continente Y un poco de muerte, y un poco de muerte