Sr. Eduardo
Valtierra:
Querido amigo:
Tras leer las veinte
primeras páginas del impresionante macuto de mensajes de Internet que me has
hecho llegar, me doy cuenta de que va a ser una quimera satisfacer la variada
avidez de vuestro «club del éter». Aún así voy a intentar, en la medida en que
el trabajo lo permita, intercambiar ideas y esclarecer algunas cuestiones. Me
ha estremecido la sensibilidad y la inteligencia de los concurrentes. Es
fascinante que este medio sirva para tocar temas tan hermosos como Cesar
Vallejo, ver cómo la poesía nos reúne y nos saca las ganas de cantar, aún en
esta suerte de coro de electrones.
Llama la atención el ingrediente de
libertad que Internet incorpora. Me vienen a la cabeza muchas ideas
relacionadas con esto, algunas posiblemente contradictorias. Si bien es cierto
que este salto en la comunicación desinhibe (incluso por aquello de no vernos
las caras, cosa que puede contribuir a sincerarse), esto no nos sustrae de
formación, credos, gustos, origen social y otras características. Pero, hasta
donde he leído, nadie pretende insultar a nadie ni trata de imponer su
criterio. Diríase que esta maravilla crea una especie de homogeneidad ética y
nos ofrece la oportunidad de ser todo lo humanos que siempre deberíamos
ser.
La única referencia que
tengo por ahora es la página de Silvio Rodríguez. Recorriendo la lista de
ciento y tantos habituales, noto que, a pesar de que son varios los países que
participan, la inmensa mayoría son hispanohablantes. Esto se entiende porque
el asunto que los reúne son canciones en español. Pero quién sabe si algún día
Internet funcione con un traductor instantáneo de todos las lenguas y podamos
hablar entre rumanos, chinos y lapones. Entonces este foro extendido será un
mayor contribuyente a la unidad planetaria.
Para ustedes, expertos
navegantes, ya es parte de la cotidianidad eso de lanzarse al espacio de
partículas que se enlazan. Como te explicaba hace unos días, hace apenas dos
años decidí sentarme ante una computadora, y si bien el nuevo juego por
momentos me ha absorbido peligrosamente, todavía ando a gatas. Lo que más uso
es el word y desde hace un tiempito los escáners y algunos procesadores de
imágenes con los que estoy archivando las fotos que tomo.
Lo primero que voy a
responder, de lo leído, es que «Domínguez» debe salir, simultáneamente, en
España, México, Argentina, Chile y Cuba el 21 de setiembre, día de comienzo de
la primavera en el sur del globo. Es probable que se pueda coordinar este
unísono con dos o tres países más de América. En esa dirección se trabaja.
Como se sabe, no nos distribuyen las transnacionales y esto conlleva sus
contra, además de sus pro.
A propósito de esto
quiero decirte que me parece edificante el debate sobre la piratería. Es
conmovedor ver como la gente se inclina a condenarla y, cuando más, a
justificarla sólo en casos extremos. Es cierto que eso ayuda a vivir a los
autores (muchos sólo disponen de estos recursos), pero también es cierto que
algunos disfrutamos más viendo circular nuestro trabajo que embolsillándonos
los beneficios. Esto no quiere decir que uno sea un santo, pero la vocación de
comunicador arrebata y el goce que produce también es un tesoro. Cierta vez,
disgustado por las manipulaciones de una disquera, le dije a una amiga común
que prefería que los piratas callejeros divulgaran mi música, a que los
señorones con patente de corso se ampararan en su poder para robar. No veo mal
que alguien, para resolver sus apremiantes necesidades, reproduzca unos
cuantos casetes y los venda. Tampoco que los amigos intercambien la música que
gusten (gracias a ello estamos en contacto). es cierto que la música es un
hobby caro, imposible para muchos, y nada ni nadie tiene derecho a privar a un
semejante de la espiritualidad de las artes. Incluso creo haber sido uno de
los mayores contribuyentes a que están circulando canciones que no han sido
editadas en disco. Lo que me indigna es que hay quienes piratean para cambiar
de coche cada año e ir al casino por las noches. Todo lo que se haga para
impedir esto último va a mejorar al mundo.
Hay una nota de alguien
que ve similitud de propósitos en una parte de «Como esperando Abril» y otra
de «Septiembre», de Vallejo. Es curioso, no me había dado cuenta y es cierto
que hay algo de semejanza. Pero sucede que yo utilizo abril como un brillo de
primavera insertado en invierno y Vallejo está haciendo una referencia
temporal. Mi alegoría consiste en la función dislocada de un mes. El maestro
sitúa entre septiembre y diciembre la metamorfosis de las brasas en charcos, o
sea, un triste devenir del sentimiento.
Respecto a la frase
«Padre, aparta de mí este Cáliz», que usa Chico Buarque, no es por influencia
vallejiana. Ambos poetas la extrajeron probablemente del Nuevo Testamento. Es
lo que Jesús le dice a su padre (presumiblemente Dios) cuando se debate entre
si asume o no el terrible destino de tortura y crucifixión que le
espera.
Creo que está muy claro
Emilio en todo lo que plantea acerca de la ley Helms-Burton y como cubano (y
humano) le agradezco su gesto solidario. Y conste que no pretendo hacer
proselitismo, pero tal engendro no es ley ni cosa que lo parezca, sino un
insulto a la libertad en el planeta.
Felicidades a los
cantores (Susana y Fernando) y cuando avance más en esta inmensa cantidad de
páginas iré soltando, cuando pueda, algún que otro comentario. Quiero que
nadie se me ofenda si no es mencionado. Por lo que más quieran, comprendan que
no voy a disponer de tiempo para dialogar con cada uno. Es probable que el 21
de setiembre esté sentado, en directo, en el buzón que te dio Mary, para
dialogar con quien aparezca. Esto se quiere hacer a propósito del lanzamiento
de «Domínguez», pero no es obligatorio hablar del disco. Si sucede, espero que
me excusen la lentitud, porque escribo con dos dedos.
Todo este mensaje,
Eduardo, obviamente está hecho para que lo lances al espacio, a modo de un
primer saludo personal a la tropa cósmica, además de ser expresión de la
enorme gratitud que siento por todos ustedes, que están lo suficientemente
locos como para prestarme atención.
Un saludo especial para
Héctor Velarde (primmo orate asolutto) y un saludo cariñoso a cada uno de los
visitantes de esta página, remitido por vuestro aprendiz de
brujo.
Silvio
Rodríguez Domínguez.