Cultura
Entrevista
con el sociólogo de las comunicaciones
Román Gubern
·
Para
el especialista, en la sociedad abunda la información pero falta
comunicación.
·
Y
advirtió sobre los efectos de la excesiva exposición a las pantallas
de la TV y la PC
Gubern
aborda en su ensayo El eros electrónico los efectos
emocionales de las nuevas tecnologías a través de microhistorias que
plantean, entre otros aspectos, cómo ''la
cultura visual ha hecho trizas la conciencia de lo erótico, hasta
convertirla en algo casi chatarra"
"Un
oficinista que se pasa diez horas frente a la computadora y otras
cuatro frente al televisor en su casa, al cabo del día ha pasado
catorce horas interactuando con símbolos que intermedian
con lo físico, en lugar de hacerlo con el mundo físico !!!
Así, acaba
creyendo que la flor natural es la de plástico."
Con esta rotunda
pintura, el sociólogo catalán Román Gubern ejemplificó los graves
efectos de la hiperpantallización en la vida del Homo
videns , en palabras de Giovanni Sartori.
El profesor de la
Universidad Autónoma de Barcelona advirtió seriamente sobre el
anonimato creciente en la Red, que, al amparo del chat y direcciones
electrónicas, es la antesala de una cultura desde donde ese
anonimato garantiza al usuario la
impunidad...
Y en relación con
las nuevas formas electrónicas de contacto personal, como el e-mail
y el chat, el autor de "La mirada opulenta" (Anagrama) dijo que la
situación es muy seria para los adolescentes, que son los que más
necesitan la comunicación sensorial.
- Internet ha
puesto de manifiesto una realidad subyacente en la sociedad mundial
al mostrar un mapa de las insatisfacciones de la gente y
revelar algo que estaba oculto.
-¿Se
imagina usted una sociedad construida sobre la base de relaciones
electrónicas?
-
No. A mí la hiperpantallización de la sociedad me produce
cierta alarma. Me preocupa, sobre todo, en los adolescentes, cuya
cultura formativa es esencialmente táctil y
directa.
Sólo
una quinta parte de la comunicación entre dos personas es semántica.
Las otras cuatro
quintas partes son de comunicación adjetivada, connotativa.
Cuando
nos comunicamos por la pantalla mutilamos esas cuatro quintas partes.
Eso
es sensorial y psicológicamente grave.
Hay que estar
alertas a la hiperpantallización de la sociedad actual, donde
abunda la información pero falta la comunicación.
-¿Cuál
es el riesgo de la sobreoferta mediática?
-
La sobreoferta conduce a la desinformación.
Como anatematizó
Ortega y Gasset, estamos llegando cada vez más al "sabio
ignorante", que es el individuo que absorbe muchos saberes de su
especialidad. Pero tiene una visión miope del mundo.
Tenemos muchos
especialistas, pero muy pocos humanistas.
-¿Contribuye
el chat a crear nuevas interacciones personales?
-
Podría, eventualmente. Pero lo que he visto hasta hoy es pura
banalidad.
En el fondo, el
chat ha dinamizado lo que ya existía por el teléfono y la
correspondencia postal.
Antes la gente
"ligaba" por carta y se casaba por poder.
No ha cambiado la
sustancia, sino el procedimiento y la velocidad. Claro que, como
dice Saramago, jamás la lágrima del amante podrá manchar la pantalla
de la computadora, como mancha el papel de una carta. Por lo que he
oído hay parejas del chat que son muy felices y otras que no lo son.
Como en la vida.
-¿Qué
cambios culturales trae la expansión de la realidad virtual?
-
Es un mundo alternativo, algo así como la casa encantada. Cuando te
metes dentro de la pantalla, en un mundo lleno de golosinas, eso
engancha más y ya está produciendo casos de teleadicción.
Además, hay otro
asunto vinculado con la fisiología de la visión.
Cuando miras la
realidad, el cristalino del ojo se acomoda a las distancias. Pero en
la realidad virtual, las distancias son fijas y no producen ese
acomodamiento de la vista. Eso provoca una hiperrealidad
artificial, más anestésica y, por ello, más perversamente
enganchante.
Es como entrar en
un dibujo animado con figuras planas. El peligro es recrear aquellos
"paraísos artificiales" de los que hablaba Baudelaire.
-¿Cuáles
son los mayores riesgos de esta sociedad de los simulacros, como
usted la llama?
-
Esta sociedad de los simulacros puede conducir a una relación
ficticia con el mundo.
Las simulaciones
nos engañan. Podemos creer que el mundo es una cosa, cuando en
realidad es otra.
Hay un famoso
episodio histórico como ejemplo. Catalina de Rusia vivía secuestrada
por los funcionarios de la Corte, que la llevaban a pasear por las
estepas. Y allí construían una escenografía con granjas y casas de
cartón.
Le
habían montado una realidad virtual para engañarla.
El
peligro es que los simulacros terminen reeemplazando a la realidad,
en una especie de golpe de Estado de lo virtual sobre lo real.
Por Susana
Reinoso
De la Redacción de
La Nación