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Mucho más allá de mi ventana, las nubes de la mañana son una flor que le ha nacido a un tren. Un reloj se transforma en cangrejo y la capa de un viejo da con una tempestad de comején. Mucho más allá de mi ventana algodones jugaban a ser un jardín en espera de abril. Luego entro los ojos chorreando esa luz de infinito, y es cuando necesito un perro, un bastón, una mano, una fe. Y tú pasas tocando el frío con suave silencio y, ciego, te sentencio a que nombres todo lo que ahora no sé. Mucho más allá de mi ventana, las nubes de la mañana son una flor que le ha nacido a un tren. Un reloj se transforma en cangrejo y la capa de un viejo, da con una tempestad de comején. Mucho más allá de mi ventana algodones jugaban a ser un jardín en espera de abril. Mucho más allá de mi ventana mi esperanza jugaba a una flor, a un jardín, como esperando abril.
Compañeros poetas, tomando en cuenta los últimos suceso en la poesía, quisiera preguntar -me urge-, ¿qué tipo de adjetivos se deben usar para hacer el poema de un barco sin que se haga sentimental, fuera de la vanguardia o evidente panfleto, si debo usar palabras como Flota Cubana de Pesca y «Playa Girón»?
Compañeros de música, tomando en cuenta esas politonales y audaces canciones, quisiera preguntar -me urge-, ¿qué tipo de armonía se debe usar para hacer la canción de este barco con hombres de poca niñez, hombres y solamente hombres sobre cubierta, hombres negros y rojos y azules, los hombres que pueblan el «Playa Girón»?
Compañeros de historia, tomando en cuenta lo implacable que debe ser la verdad, quisiera preguntar -me urge tanto-, ¿qué debiera decir, qué fronteras debo respetar? Si alguien roba comida y después da la vida, ¿qué hacer? ¿Hasta donde debemos practicar las verdades? ¿Hasta donde sabemos? Que escriban, pues, la historia, su historia, los hombres del «Playa Girón».
A la memoria del Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, en el centenario de su caída en combate en la sabana de Jimaguayú, el 12 de mayo de 1873.
El hombre se hizo siempre de todo material: de villas señoriales o barrio margina. Toda época fue pieza de un rompecabezas para subir la cuesta del gran reino animal, con una mano negra y otra blanca mortal.
Mortales ingredientes armaron al Mayor: luz de terratenientes y de Revolución: destreza de la esgrima, sucesos como un preso, Amalia abandonada por la bala, la vergüenza, el amor; o un fusilamiento, un viejo cuento modelaron su adiós.
Va cabalgando El Mayor con su herida, y mientras más mortal el tajo, es más de vida. Va cabalgando sobre una palma escrita, y a la distancia de cien años resucita. Trota sobre la espuma, seguido por un mar de negros en machete y sin encadenar. Ordena a su corneta el toque de a degüello, y a un siglo de distancia entona nuestra canción y con recia garganta canta, espanta lejos la maldición.
Va cabalgando El Mayor con su herida, y mientras más mortal el tajo, es más de vida. Va cabalgando sobre una palma escrita, y a la distancia de cien años resucita.
Tengo una mesa que me alimenta, que a veces tiene hasta de fiesta. Mas si tuviera sólo una araña burlona en mi despensa, tendría la vergüenza. ¿A qué más?
Tengo zapatos, tengo camisa, tengo sombrero, tengo hasta risa. Mas si tuviera en mi ropero sólo las perchas vacías, la vergüenza tendría. ¿A qué más?
Tengo billetes como de octava clase, pero así viajo: contento de ir de viaje, pues para un viaje me basta con mis piernas: viajo si equipaje. Más de una mano en lo oscuro me conforta y más de un paso siento marchar conmigo, pero si no tuviera, no importa: sé que hay muertos que alumbran los caminos.
Tengo luz fría y lavamanos, cables, botones casi humanos. Pero si fuera, ay, mi paisaje sólo de ruinas intensas, tendría la vergüenza. ¿A qué más?
Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que lucha un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que lucha toda la vida: esos son los imprescindibles. Bertolt Brecht
Sueño con serpientes, con serpientes de mar, con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo. Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan lo que puedan arrebatarle al amor.
Oh, la mato y aparece una mayor. Oh, con mucho más infierno en digestión.
No quepo en su boca, me trata de tragar pero se atora con un trébol de mi sien. Creo que está loca; le doy de masticar una paloma y la enveneno de mi bien.
Oh, la mato y aparece una mayor. Oh, con mucho más infierno en digestión.
Ésta al fin me engulle, y mientras por su esófago paseo, voy pensando en qué vendrá. Pero se destruye cuando llego a su estómago y planteo con un verso una verdad.
Oh, la mato y aparece una mayor. Oh, con mucho más infierno en digestión.
Vivo en un país libre cual solamente puede ser libre en esta tierra, en este instante y soy feliz porque soy gigante. Amo a una mujer clara que amo y me ama sin pedir nada -o casi nada, que no es lo mismo pero es igual-. Y si esto fuera poco, tengo mis cantos que poco a poco muelo y rehago habitando el tiempo, como le cuadra a un hombre despierto. Soy feliz, soy un hombre feliz, y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad.
Me he dado cuenta de que miento. Siempre he mentido, siempre he mentido. He escrito tanta inútil cosa sin descubrirme, sin dar conmigo. No amar en seco, con tanto dolor, es quizás la última verdad que quede en mi interior, bajo mi corazón.
No se si fue que malgasté mi fe en amores sin porvenir, que no me queda ya ni un grano de sentir.
(Yo se que a nadie le interesa lo de otra gente, con sus tristezas.)
Esta canción es más que una canción, que un pretexto para sufrir y más que mi vivir y más que mi sentir.
Esta canción es la necesidad de agarrarme a la tierra al fin, de que te veas en mi, de que me vea en ti.
(Yo sé que hay gente que me quiere. Yo sé que hay gente que no me quiere.)
Yo digo que las estrellas le dan gracias a la noche, porque encima de otro coche no pueden lucir tan bellas; y digo que es culpa de ella -de la noche- el universo, cual son culpables los versos de que haya noches y estrellas.
Yo digo que no hay quien crezca más allá se lo que vale -y el tonto que no lo sabe es el que en zancos se arresta-; y digo que el que se presta para peón del veneno es doble tonto y no quiero ser bailarín de su fiesta.
Yo digo que no hay talante más claro que ir desnudo, pues cuando se tiene escudo luego se quieren los guantes. Y al que diga que me aguante debajo de una sotana, le encajo una caravana de sentimientos gigantes.
Yo digo que no hay más canto que el que sale de la selva y que será el que lo entienda fruto del árbol más alto. Y digo que cuesta tanto y que hay que cruzar la tundra, pero al final la penumbra se hace arco iris del canto.
En el claro de la luna donde quiero ir a jugar, duerme la reina fortuna que tendrá que madrugar.
-Mi guardiana de la suerte, sueña cercada de flor que me salvas de la muerte con fortuna en el amor.
-Sueña, talismán querido, sueña mi abeja y su edad; sueña y si lo he merecido, sueña mi felicidad.
-Sueña caballos cerreros, suéñame el viento del sur, sueña un tiempo de aguaceros en el valle de la luz.
-Sueña lo que hago y no digo sueña en plana libertad sueña que hay días en que vivo sueña lo que hay que callar.
-Entre las luces más bellas duerme intranquilo mi amor porque en su sueño de estrellas mi paso en tierra es dolor.
-Más si yo pudiera hacerle miel de abeja en vez de sal a que tentarle la suerte que valiera su soñar.
-Suéñame pues cataclismo sueña golpe largo y sed sueña todos los abismos que de otra vida no sé.
-Sueña lo que hago y no digo sueña en plana libertad sueña que hay días en que vivo sueña lo que hay que callar.
-Sueña la talla del día del día del que fui y del que soy que el de mañana, alma mía, lo tengo soñado hoy.
Allí ame a una mujer terrible, llorando por el humo siempre eterno de aquella ciudad acorralada por símbolos de invierno. Allí aprendí a quitar con piel el frío y a echar luego mi cuerpo a la llovizna, en manos de la niebla dura y blanca, en calles del enigma. Eso no está muerto, no me lo mataron ni con la distancia ni con el vil soldado. Allí entre los cerros tuve amigos que entre bombas de humo eran hermanos. Allí yo tuve más de cuatro cosas que siempre he deseado. Allí nuestra canción se hizo pequeña entre la multitud desesperada: un poderoso canto de la tierra era quien más cantaba. Eso no está muerto, no me lo mataron ni con la distancia ni con el vil soldado. Hasta allí me siguió, como una sombra, el rostro del que ya no se veía, y en el oído me susurro la muerte que ya aparecería. Allí yo tuve un odio, una vergüenza: niños mendigos de la madrugada, y el deseo de cambiar cada cuerda por un saco de balas. Eso no está muerto, no me lo mataron ni con la distancia ni con el vil soldado.
Si me levanto temprano, fresco y curado, claro y feliz, y te digo: «voy al bosque para aliviarme de ti», sabe que dentro tengo un tesoro que me llega a la raíz. Si luego vuelvo cargado con muchas flores (mucho color) y te las pongo en la risa, en la ternura, en la voz, es que he mojado en flor mi camisa para teñir su sudor. Pero si un día me demoro, no te impacientes, yo volveré más tarde. Será que a la más profunda alegría me habrá seguido la rabia ese día: la rabia simple del hombre silvestre, la rabia bomba -la rabia de muerte-, la rabia imperio asesino de niños, la rabia se me ha podrido el cariño, la rabia madre por dios tengo frío, la rabia es mío -eso es mío, sólo mío-, la rabia bebo pero no me mojo, la rabia miedo a perder el manojo, la rabia hijo zapato de tierra, la rabia dame o te hago la guerra, la rabia todo tiene su momento, la rabia el grito se lo lleva el viento, la rabia el oro sobre la conciencia, la rabia -coño- paciencia paciencia. La rabia es mi vocación. Si hay días que vuelvo cansado, sucio de tiempo, sin para amor, es que regreso del mundo, no del bosque, no del sol. En esos días, compañera, ponte alma nueva para mi más bella flor.
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