[Principal][Silvio_Rodriguez][dE toOdO uN pOcO]

 

 

Letras - Lista de Cd ]

Letras - Lista de Inéditas ]

Con y De Otros ]

Mp3 - Lista General ]

 

 

Erase que se era

1975

 

 

1975

1.Oda a mi generación
2.Todo el mundo tiene su Moncada o [Existen
3.No aparezcas más sin avisar
4.Más de una vez
5.El día en que voy a partir
6.Palabras
7.Nunca he creído que alguien me odia o [Mi asesino es el pasado]
8.Terezín
9.Judith
10.Martianos
11.La canción de la trova
12.El seguidor de arcoiris o [No sabe]
13.Una mujer

 

 

1975

14.El papalote o [El papalote se fue a bolina]
15.Fusil contra fusil
16.El matador
17.Hoy es la víspera de siempre
18.Por muchos lugares
19.Cuántas veces al día
20.El barquero
21.Discurso fúnebre
22.Epistolario del subdesarrollo o [No tengo que cerrar los ojos]
23.Después que canta el hombre
24.Érase que se era
25.Que levante la mano la guitarra o [Cómo camina la tristeza]
 


1.- Oda a mi generación

A los veintisiete días de mayo del año setenta
un hombre se sube sobre sus derrotas,
pide la palabra
momentos antes de volverse loco.
No es un hombre,
es un malabarista de una generación. (1)
No es un hombre,
es quizás un objeto de la diversión,
un juguete común de la historia
con un monograma que dice “bufón”.
Ese hombre soy yo.

Pero debo decir que me tocó nacer
en el pasado y que no volveré.
Es por eso que un día me vi en le presente,
con un pie allá donde vive la muerte,
y otro pie suspendido en el aire,
buscando lugar, (2)
reclamando tierra de futuro para descansar.
Así estamos yo y mis hermanos,
con un precipicio en el equilibrio
y con ojos de vidrio.

Ahora quiero hablar de poetas,
de poetas muertos y poetas vivos,
de tantos muchachos, hijos de esta fiesta
y de la tortura de ser ellos mismos.
Porque hay que decir que hay quien muere
sobre su papel,
que vivirle a la vida su talla tiene que doler.
Nuestra vida es tan alta —tan alta— (3)
que para tocarla casi hay que morir,
para luego vivir.

Yo no reniego de lo que me toca,
yo no me arrepiento pues no tengo culpa,
pero hubiera querido poderme jugar
toda la muerte allá, en el pasado,
o toda la vida en el porvenir que no puedo alcanzar.
Y con esto no quiero decir que me pongo a llorar.
Sé que hay que seguir navegando.
Sigan exigiéndome cada vez más
hasta poder seguir
o reventar.


La versión citada es la de Silvio, editada en Érase que se era. Roy Brown canta:

(1) es el malabarista de una generación.
(2) buscando un lugar
(3) Nuestra vida es tan alta —ay, tan alta—

 

(1970)


2.- Todo el mundo tiene su Moncada (o Existen)

Menos mal que existen
los que no tienen nada que perder,
ni siquiera la muerte.

Menos mal que existen
los que no miden qué palabra echar,
ni siquiera la última.

Se arriman a la noche y al día
y sudan si hay calor
y si hay frío se mudan.

No esperan echar sombra o raíces
pues viven
disparando contra cicatrices.

Escuchan se proyectan y lloran
debajo
de sus huellas, con tanto trabajo.

Se mueren sin decir de qué muerte
sabiendo que en la gloria
también se está muerto.

Menos mal que existen,
menos mal que existen,
menos mal que existen para hacernos.

Menos mal que existen
los que no tienen nada que perder,
ni siquiera la historia.

Menos mal que existen
los que no dejan de buscarse a sí
ni siquiera en la muerte
de buscarse así.
 


(1968)

3.- No aparezcas más sin avisar

No me escribas más sin avisar,
no me escribas más de cosas que no vuelven,
no me escribas más así, que me abandono,
no me escribas más si después no vuelves.

No me digas más lo que pasó,
no me digas más que me enseñaste un río,
no me digas más, que me suenan los dientes,
no me digas más que ya tengo frío.

No te quiero ver sin corazón,
no te quiero ver como una cosa más,
no te quiero ver de nuevo brevemente,
no te quiero ver y después llorar.

No aparezcas más lejos de mí,
no aparezcas más, que tu nombre me pasma,
no aparezcas más, que siempre me derrumbas,
no aparezcas más, tengo con tu fantasma.

Déjame cantar como canté,
déjame cantar, dame un poco de tiempo,
déjame cantar fuera de tus fronteras,
déjame cantar a los cuatro vientos,
déjame cantar como si no te viera.
 

(1970)


4.- Más de una vez

Más de una vez me han echado a la calle
por reír donde debo estar llorando,
por llorar donde debo estar riendo,
por callar donde debo estar hablando,
por hablar donde debo estar callado,
por hablar en voz baja de la fe,
por hablar en voz alta del amor.

Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.


Más de una vez me han echado a la calle
por no sentir respeto por las flores,
por derramar comida en los manteles,
por darle de mi alcohol a algunos niños,
por desnudar deprisa a mis mujeres.
Más de una vez no tengo diversión,
más de una vez no tengo invitación.

Más de una vez me han echado a la calle
por correr donde duermen los enfermos,
por fumar en los palcos del teatro,
por hacerle una mueca a mi maestro,
por llevar la cicuta en el bolsillo
desde que iba al colegio con un perro,
desde que me rompían la cabeza
por hablar demasiado del horror
y decirle asesino a un pescador.
 

(1969)


 

5- El día en que voy a partir

No te muevas.
Quiero conservar este instante así:
tú junto a la ventana, como a contraluz,
echada en el lecho, queriendo mirar*
los ojos profundos del sol
detrás de tu cuerpo feliz,
desnudo, desnudo. Y ya es
el día en que voy a partir.

No te muevas,
si puede estar quieta la felicidad,
si puede volverse de piedra el amor.
Convierte en estatuas los días y el mar.
Quizás te comprenda mejor.**
O al menos conforme ya esté
repleto de piedras, sin sed,
el día en que voy a partir.

No te muevas
y dime si es hora de irse a dormir.
Mañana me espera un sabor de mujer.***
Lo tengo guardado en los ojos. Y sé****
que un beso muy frío será,
el beso que no me darás,
las noches, los días después
del día en que voy a partir.


Versión según el disco “El hombre de Maisinicú”. En “Érase que se era” Silvio hace las siguientes modificaciones:

* yo echado en el lecho, queriendo mirar
** Quizás me comprenda mejor
*** Temprano me espera un sabor de mujer
**** Lo llevo guardado en los ojos. Y sé

 

(1969)



6.-
Palabras

Cuando se ande descalzo, paso a paso de viento,
cuando venga del polvo la ciudad destruida,
que alguien cante una estrofa a las manos de un muerto,
que alguien diga algún verso a su espacio de vida.

Puede ser que sus restos no se distingan en la ciudad,
que la perfección de la piedra no luzca piel.
Puede ser que su sangre no mueva una astronave,
puede ser que sus huesos no sirvan para torres,
puede ser que una estrella brille más que su voz.

Ha pasado que el llanto se convierte en palabras,
ha pasado que un hombre se convierte en palabras,
palabras, palabras, palabras a granel.

Cuando la muerte sea inalcanzable y rara,
cuando un mohoso grillete repose en la vitrina,
que se dé a cada hijo una flor y una bala,
que se sepa que el mundo va sembrado de vidas.

Se sabrá que este ir y venir de piedras no se quedó,
que una lluvia lejana fue a mojar la ciudad.
Fijaremos con clavos las ventanas, los sueños,
los pedazos de tierra, la limpieza y el lodo,
las guitarras, las sillas, las piedras y el amor.

Porque ha pasado que historia se convierte en palabras,
ha pasado que el mundo se convierte en palabras,
ha pasado que todo se convierte en palabras,
palabras, palabras, palabras a granel.
 

(1970)

 


7.- Nunca he creído que alguien me odia (o Mi asesino es el pasado)

Nunca he creído que alguien me odia
aunque me hayan querido matar.
Tras mis asesinos se esconde otra fuerza
que sí es mi enemiga mortal.

Todos los tipos de muerte hacen cola
ante mi puerta esperando su hora.
El instrumento es quien cambia de rostro,
pero yo sé que hay un único odio.

Sé que todas las palabras
con que le canto a la vida
vienen con muerte también.
Sé que el pasado me odia
y que no va a perdonarme
mi amor con el porvenir.

Por eso manda verdugos
con todos los uniformes.
Mi asesino es el pasado,
aunque con mano de hombre.

Siempre que un hombre le pega a otro hombre
no es al cuerpo al que le quiere dar:
en ese puño va el odio a una idea
que lo agrede, que lo hace cambiar.

Cuando lo quieto se siente movido
todo cambia de sentido.
Y en la medida en que todo acelera
sigue cambiando la esfera.

Siempre tendré un enemigo
con el semblante arrugado
y más cansado que yo.
El que al largo de su sombra
quiera cortar la medida
de cada revolución.

Y ya se dijo que es más grande,
que el más grande de nosotros.

Y ya se dijo que se hace
para otros.
 

(1972)


 


8.- Terezín

Una pesadilla blanca
de chimeneas quemando sangre,
para hijos de Judea
con rara estrella y rostro de hambre.

En invierno y verano es igual:
tras alambres no hay estación.
Terezin de los niños jugar
con la muerte común
mientras pintaban el cielo azul,
mientras soñaban con corretear,
mientras creían aún en el mar,
y los llevaban a caminar
para no regresar.

Terezin,
Terezin,
Terezin,
pelota rota.

Sed de tardes ya increíbles
saltaron locas las altas tapias.
Y el amor, irreductible,
quedo colgado en alambradas
de Terezin.

Terezin,
Terezin,
Terezin,
pelota rota.

(1968)

 


9.- Judith

No puedo dejarte de ver
arañando el silencio con tus ojos,
tratando de decir algo que las palabras
nunca hubieran dicho mejor.
Aquella mirada era el resumen
de la noche posada en tus ojos,
con su lluvia, su viento y tu miedo al mar
y aquel sueño que te conté.

No puedo dejarte de ver
describiendo una estrella descubierta por mí
en tu erótica constelación
que no cabe en los mapas del cielo.
Tu mano dibujando en el aire,
era capaz de ponerle color
al espacio vacío, que se llenaba
con la luz de la estrella brillante.

Cuida bien tus estrellas, mujer,
cuida bien tus estrellas.


No puedo dejar de decir
que hay idiomas perfectos por descubrir
y que son olvidados frecuentemente
en el tedio del tiempo.
Y que hay que buscarlos,
porque los barcos y las piedras
tienen abecedarios mejores
para demostrar que son bellos sencillamente,
sin palabras o esquemas.

No puedo dejar de decir
que esta triste canción a tu lado oscurece,
que quizás este sea el último misterio
que mirarán tus ojos nacer de mis manos.
Pues es tarde quizás para mí
y Caín me ha marcado sobre la frente.
Pero quiero alertarte de un gran peligro
y quisiera encenderte esta frase en la mente:

Cuida bien tus estrellas, mujer,
cuida bien tus estrellas.
Y que nunca las pierdas.
 

(1969)

 


10.- Martianos

Yo soy un grano de arena,
una hoja más en un árbol
y cada ola me enseña
y cada brisa trae algo.

No he visto todas las tierras,
no he visto todos los mares,
pero he sentido la guerra
silbando por todas partes.

Cuando nací me dijeron:
naciste por la esperanza.
Así le digo a mi hijo
y parto hacia la matanza.

Quiero que pare la muerte,
yo quiero que pare el frío
para poder dedicarme
a flor, a viento y a río.

El mundo me dio las manos,
dos reinos hacen la suerte.
Llevo una flor en la diestra
que es el reino de la muerte.

De amor yo vivo y de espada,
de boca y puertas abiertas.
Hay que vivir de una bala.
Hay que morir de una fiesta.

Qué duras son esas noches
en que queremos ser buenos
y hay que matar sollozando
y hay que morir sonriendo.

(1969)

 


11.- La canción de la trova

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo.
Las cosas suelen transformarse
siempre, al caminar.
Pero tras la guitarra siempre habrá una voz
más vista o más perdida
por la incomprensión de ser uno que siente,
como en otro tiempo fue también.

Hay también corazones que hoy se sienten detenidos,
aunque sean otros tiempos hoy
y mañana será también.
Se sigue conversando con el mar.

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo.
No importa la palabra que se diga para amar.
Pues, siempre que se cante con el corazón,
habrá un sentido atento para la emoción de ver
que la guitarra es la guitarra,
sin envejecer.

(1967)


 


12.- El seguidor de arcoiris (o No sabe)

El seguidor de arcoiris se lava las manos
con agua de lluvia y, sin sacudirse
del polvo nocturno, remonta el camino
que hizo la muerte, por ser la primera
que abriera una trocha en la selva
en que habría de alzarse la vida.
El seguidor bien lo sabe y respeta
su signo en la puerta —su puerta con signo—.

Y no sabe de nada.
Y no sabe de nadie.


En el fondo y en la superficie está más
solo que un simple muerto.
Quizás los matices que busca los halle
en las alas de un ángel, entre los demonios
o en otro universo mejor.
Su pobre arco iris tiene dos colores:
el negro y el blanco,
y es triste la lluvia pintada de grises.
Qué cosa más triste —qué triste y qué cosa—.

El seguidor ha cargado los hijos ajenos
sobre sus rodillas gastadas pasando.
«Quien siembre semillas tendrá que regarlas».
Cuando lo recuerda vacía sus bolsillos al suelo,
rompe los papeles al polvo, la hoja de afeitarse,
aunque son sólo escombros que halla
rodando en cunetas de cualquier camino.
Qué miedo a quedarse —quedarse qué miedo—.

El seguidor de arco iris siempre se despide.
Nadie lo conoce a mitad de saludo.
Es un vagabundo lleno de recuerdos
que será olvidado por ser tan ligero,
por no usar corbata ni polvo en el ceño,
por irse a llorar donde lloran los perros:
al fondo de un patio —un patio sin fondo—.

(1969)


13.- Una mujer

Una mujer, una mujer,
una mujer con cristales de mar
Viaja dentro de mí
coloreando mi sangre, borrando el carbón
que ha tapado mi buen corazón.

Pobre de mí, pobre de ti,
pobre de todos los que amen así,
sobre un potro que vuela ignorando barrancos
tan cercanos que lucen mortajas de blanco.

Una mujer, una mujer,
una mujer que no es celestial
sobre un potro partió
Hacia todos los pueblos que habitan en mí,
y ha tenido un camino feliz.

Pobre de mí, pobre de ti,
pobre montura que juega al amor
sobre tantos desastres y canciones sin mango
sobre tanta cansada emoción que desjaste.

Una mujer, una mujer,
una mujer no esperada por mí
cabalgando llegó
a clavar en mi tierra su nombre y canción
y a soltar bajo fianza el amor.

(1969)

 


14.- El papalote (o El papalote se fue a bolina)

Será por tu vivienda,
hecha de ruinas y de misterios;
porque rompías la roca
para ganarte un par de medios;
o por tus tirapiedras,
los más famosos de La Loma,
con la mejor horqueta
de la guayaba y duras gomas.

Será por todo esto
que mi memoria se empina a ratos
como tus papalotes,
los invencibles, los más baratos;
y te levanta en peso,
Narciso el Mocho, para ponerte
junto a los elegidos,
los que no caben en la muerte.

El papalote
cae, cae, cae, cae, cae.
El papalote
cae, cae, cae, cae, cae.
Se va a bolina la imaginación.
Buena cuchilla la picó.


Una vez de tus manos
un “coronel” salió brillando.
Qué pájaro perfecto:
cuántos colores, qué lindo canto.
Ninguno de nosotros
iba a volarlo, ya se sabía:
era un encargo caro
del que mandaba, del que tenía.

Llevabas en el puño
aquel dinero de la tristeza;
dinero de aguardiente
de “El Sol de Cuba”, de la cerveza;
y te seguimos todos
a celebrarlo, sucios y locos:
para ti “Carta Oro”
y caramelos para nosotros.

La gente te chiflaba
cuando en la tarde subías borracho;
tú contestabas piedras
y maldiciones a tus muchachos.
Eras el personaje
de los trajines de tu pueblo;
eras para la gracia;
eras un viejo; eras negro.

Una noche el respeto
bajó y te puso bella corona
—respeto de mortales
que, muerto, al fin te hizo persona—.
Pobre del que pensó
—pobre de toda aquella gente—,
que el día más importante
de tu existencia fue el de tu muerte.


Papalote: volantín, cometa.
La Loma: barrio de San Antonio de los Baños.
Irse a bolina: caída en tirabuzones que sufre el papalote vencido en los torneos entre cometas en los que se añade una cuchilla a la cola de los papalotes para intentar cortar el vuelo de los adversarios.
Coronel: papalote grande.
El Sol de Cuba: bodegón del barrio La Loma.
Carta Oro: marca de ron cubano.

(1972)


 

15.- Fusil contra fusil

El silencio del monte va
preparando un adiós.
La palabra que se dirá
in memoriam será
la explosión.

Se perdió el hombre de este siglo allí,
su nombre y su apellido son
Fusil contra fusil.

Se quebró la cáscara del viento al sur,
y sobre la primera cruz
despierta la verdad.

Todo el mundo tercero va
a enterrar su dolor.
Con granizo de plomo hará
su agujero de honor,
su canción.

Dejarán el cuerpo de la vida allí,
su nombre y su apellido son
Fusil contra fusil.

Cantarán su luto de hombre y de animal
y en vez de lágrimas echar
con plomo llorarán.

Alzarán al hombre de la tumba al sol
y el nombre se repartirán:
Fusil contra fusil.

(1967)


 

16.- El matador

Siento un hilo profundo que atraviesa el espacio.
De tiempo en tiempo llega despacio.
Siento olor de llanuras llenas de peregrinos.
La llanura se llama camino.

Siento de pronto el gusto
de un raro mineral.
Me siento a veces hombre
y muchas animal.

Se confunde el deseo
de calentar la piel
con rugidos lejanos
que recuerdan mujer.

Y en una playa angosta caen del cielo
estas reminiscencias de veneno.
Yo no sé, pero hay días sin reposo
que lo que tenga cerca lo destrozo

muy primitivamente, casi salvajemente,
con odio, con desprecio, con rencor,
con palabras hirientes, con garras y con dientes,
con rabia, con violencia, con horror.


Le he cantado a la muerte como nadie con vida,
mas yo dijera siempre: querida.
Junto a cada palabra hay cuerpos de millones
y los maté yo mismo. Perdonen.

A veces se me borra
que mato por vivir
y olvido los entierros
y no quiero dormir.

El día que me acusen
no me defenderé:
esta culpa es muy vieja,
de todos la heredé.

(1970)


 

17.- Hoy es la víspera de siempre

Hoy es la víspera de siempre,
los días, eternamente
no me dejan definir.
Y siempre estoy como esperando
que cuando al fin pase algo
aún me quede por decir,
por sentir, por retener,
un pedazo siquiera de mí.

¡Qué tal, tú!
Hoy es la víspera de siempre. Da igual.
Hoy ha salido el sol por ese lugar
en que suele aparecer.
¡Qué tal, tú!
Es delicioso conocerte y me da igual
verme de pronto en un recodo y, total,
volver a desaparecer.


¡Ay, la vida! que se llena de instantes,
que se llena de gentes,
que se llena de igual.
¡Ay, la vida! con su víspera muda,
con su infancia desnuda,
con su ocaso fugaz.

(1968)


18.- Por muchos lugares

Por muchos lugares pasaba la historia.
Tú leías a Whitman, con estilo triste.
Tus alrededores ya estaban poblando
de sed las palabras que usaste esta tarde.
Entonces ya estaban previstos tus gustos:
cada vieja fecha posee estas artes.

Por eso no es raro que muchos no entiendan,
pues muchos supimos de los mismos rumbos.
Por eso no es raro que nadie domine
las riendas de todos sus mundos.


Por muchos lugares pasaba la historia.
El antigua Egipto ya nos condenaba.
Todos conspiraron para reprimirnos
y como las lluvias vinieron las guerras.
Y el tiempo ha llorado detrás de las estructuras,
pues nada se salva del orden perfecto.

Por muchos lugares pasaba la historia.
Ya cada palabra era una duda
y elegir la clave de cada conciencia.
Y a ti, tan pequeña y resumen del mundo,
todo te tenía que arder cuando viste
moros en las costas de cada palabra.

Por muchos lugares pasaba la historia.
El mundo era un vasto sembrado de huesos
y las hortalizas un día crecieron
nutridas del jugo vital de los cuerpos.
Y supe que escombros regados por tierra
pueden fecundarle mañana la entraña.
 

(1968)


19.- Cuántas veces al día
 

¿Qué silencio es culpable de la muerte de un hombre?
¿Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes?
¿Qué silencio maldito ha cegado algún nombre?
¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?

No busquen más alrededor.
Ustedes son.
No busquen más, no es el de atrás:
ustedes son.

No es el de al lado, no.
Eres tú mismo, sí.
El que sonríe bien,
el que sabe callar.

¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?

¿Qué silencio aprendido nos preserva la vida?
¿Qué silencio oportuno nos convierte en prudentes?
¿Qué silencio asesino nos llena la barriga?
¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?
 

(1969)

 


20.- El barquero

Un buen día quizás, un barquero
se lanzo tras el mar del recuerdo.
Era un barco pequeño en el tiempo,
pero había fe,
pero había un raro esplendor en sus ojos,
pero había un místico afán de por que,
pero había fe.

Una dársena es solo una entraña.
Mar de invierno es tal vez la mañana.
Barco chico es quizás alma clara.
Y aunque haya fe,
y aunque haya un flujo de amor en mi frente,
tanto se hunde mi rostro en la gente,
que ya no sé.

Ya me canso de tanto hablar,
si esta dicho todo hasta el fin.
¿Qué mas ruido que el de escuchar
de la vida, todo el trajín?

Tanto espacio entre mi voz
y el oído que ha de esperar.
Nada tengo que decir yo.
Miren todo y me escucharan.

Un buen día quizás un barquero
se lanzo tras el mar del recuerdo.
De su barca, entre grito y silencio,
aún no se sabe
cuál de las tantas ha sido su suerte:
si halló la vida o se fue con la muerte,
o simplemente se perdió.
 

(1968)

 


21.- Discurso fúnebre

Ayer mataron a un lobo
en la puerta de mi casa
con la cabeza vencida
sobre la acera, soñaba.
Observaba la bodega
donde peleaba y dormía,
con la pupila vidriosa
miraba pasar el día,
y los niños de su mundo
hablaban en voz muy baja
de su mirada.

Para el resto de la tierra
allí había un perro muerto,
un perro que en unas horas
estaría descompuesto.
Había que limpiar la acera
de aquella mancha oscura
—para el resto de la tierra
un perro muerto es basura—.
Pero los niños jugaban
y volvían a su lado,
siempre callados.

Lobo, yo sí te recuerdo echado al camino
con el sol curándote el lomo deshecho
de andar a la noche batallando con tus enemigos.

Lobo, yo sí te recuerdo. Yo también sabía
dónde, cómo y cuándo dormías tu sueño.
Para esos asuntos no he crecido mucho todavía.

Cómo no iba a recordarte, si estás ahí desde mi niñez,
en un paisaje diferente pero igual,
si a todos nos pasó una vez.

Cómo no iba a recordarte, si tu misterio es más feliz
que muchas cosas que tenemos que contar
a costa de una cicatriz,

como de un hierro caliente que deja la memoria ardiente,
sin la nobleza de tu muerte y sin un verso con más suerte
que no sea la de maldecir.
 

(1971)


 


22.- Epistolario del subdesarrollo (o No tengo que cerrar los ojos)

 

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
Para ver aquella tarde en que Noel y yo cantábamos
Y nos interrumpían pidiéndonos
Canciones de Manzanero

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
Para ver las servilletas del Hotel Nacional
Decorando el Congreso Cultural
Que las pusieron lindas casi psicodélicas y todo
Pero ahora se han descosido
Las puntas y ya no es fresco comer ahí

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
Para ver las medias de hilo tan mal hechas
Que se hacen las muchachas
Que no pueden ir a Londres a comprarlas

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
Para ver a los pobres muchachitos
Que arreglan como pueden sus pantalones
Y los convierten en campanas
Sordas o sórdidas

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
Lo mal que tiñen nuestros tintes
Que se le caen de la ropa a las muchachas
De cintas que quisieran ser tan brillantes
Como el eastman-color
Porque quien que haya visto
Juega de masacre no ama el color para siempre

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
No tengo que cerrar los ojos para ver
Lo que es nuestra moda a go-go
Nuestros peinados
Nuestros estilos de bailar siempre a la
Retaguardia de cualquier extranjero

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
No tengo que cerrar los ojos para ver
Que nuestros jóvenes
Quieren esas cosas
Que para verlas tengo que cerrar los ojos
Y pensar el futuro
No tengo que cerrar los ojos para ver
No tengo que cerrar los ojos para verlos
Ahora a ustedes apenas dentro del pequeño espacio
De mi guitarra rompiéndose el alma y las manos
Para vivir en un país de buenas servilletas
Pantalones de campanas sonoras
Y colores que hagan palidecer a Europa
A Europa misma, sí
A Europa
¡No tengo que cerrar los ojos para ver!
 

(1969)


 


23.- Después que canta el hombre

 

Después que canta, el hombre queda solo.
Solo en la soledad de su cabeza,
solo en la soledad de las butacas
y una mortaja de aire hace silencio.
Sabe que ahora, de pronto, se hace luego,
aunque después que cante quede ciego.

Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo.
Qué no sabrán del abandono la guitarra.


Después que canta, el hombre queda solo,
pues cada uno regresa a sus pisadas.
Le dejan las palabras en la alfombra.
La hora de la palabra fue la escena.
Sabe que ahora, de pronto, se hace luego,
aunque después que cante quede ciego.

Después que canta, el hombre queda solo,
sobreviviendo a igual incertidumbre.
Pero de nuevo ordena sus conciertos
como un ángel postizo que insistiese.
Sabe que ahora, de pronto, se hace luego,
aunque después que cante quede ciego.
 

(1969)


 


24.- Érase que se era

 

Eramos una vez un grupo de nueve o de diez
que coincidía cada noche:
una suerte de sueños que hacían cuadrilla,
unos buenos muchachos riendo juntos.
Érase que se era una vez...

Por esa época se amaba tanto, qué sé yo:
¡qué época tanta de amores!
Desfilábamos juntos, se hacían poemas,
y las calles que buenos gustos tenían.
Érase que se era una vez...

De uno en fondo pasábamos por la misma canción:
era uno, eran dos, eran tantos y qué sé yo,
pero era bonito mirarnos, vernos sufrir.
Érase que se era una vez...

Era imposible pasar un sólo día sin morir,
sin gritar, sin reír, sin comprender, sin amar.
Qué desastre de gente que no podía estar en paz.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si fue el tiempo que lo vuela todo,
o si fuimos nosotros detonando el tiempo,
pero nos fragmentamos como una granada.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si ha llovido una lluvia que moje
cada esquirla en el sitio en que haya caído,
si hay guardada una tarde común en el tiempo.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si ha servido de algo o de nada
que haya habido pasado y que quede recuerdo.
Yo no sé si mañana pensaré lo que hoy vivo.
Érase que se era una vez...
 

(1969)


 

25.- Que levante la mano la guitarra (o Cómo camina la tristeza)

 

Sufrir, ¿qué forma tiene, qué cabeza?
Al dolor, ¿qué matices lo acompañan?
¿Con qué ojos nos busca la tristeza?
¿De qué color pintó su paz extraña?

¿Cómo camina la tristeza?
Hable quien conozca su patria.
¿Quién la define, dónde vive?
¿Qué mujer tuvo esas entrañas?

¿Qué quiere de nosotros nuestra sombra?

Que levante la mano la guitarra.
 

(1968)

 

Mario Benedetti sobre Silvio Rodríguez ] Tropacosmica ]

[Principal][Silvio_Rodriguez][dE toOdO uN pOcO]