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Mario Benedetti sobre Silvio Rodríguez
Tropacosmica
Argentropa

Oh Melancolía

 

 

1988

 

1. Cuando yo era enano
2. Eva
3. Locuras
4. Con un poco de amor
5. Jerusalén, año cero
6. Entre el espanto y la ternura
7. Bolero y habaneras
8. La prisión
9. La prisión (fragmento)
10. Amigo mayor
11. Oh Melancolía
12. Yo soy de donde hay un río
13. Verbos en juego
14. Hay quien precisa (fragmento)
15. El extraño caso de las damas de Africa
16. Hay quien precisa
17. En el jardín de la noche

 

 

1

Cuando yo era un enano  

Cuando yo era chiquito todo quedaba cerca cerquita,

para llegar al cielo no más bastaba una subidita.

El sueño me alcanzaba para ir tan lejos como quería,

cuando yo era chiquito yo si podía, yo si podía.

 

Libertad, libertad, libertad para mi niño.

Libertad, libertad, libertad, libertad.

 

Cuando yo era vejigo me iba p’al río porque era hermoso,

aunque estaba prohibido por peligroso, por peligroso.

Como jagüey y ceiba, como la palma y la yadruma.

Cuando yo era vejigo yo era del monte y soñaba espuma.

 

Libertad, libertad, libertad para mi niño.

Libertad, libertad, libertad, libertad.

 

Cuando yo era un enano viví pasiones tan memorables

con los zapatos rotos y la sonrisa menos amable.

Tierra bajo las uñas, manos sin pena tocando mundo

cuando yo era un enano era profundo, era profundo.

 

 

 

 

2

Eva

Eva no quiere ser para Adán

la paridora pagada con pan.

Eva prefiere también parir,

pero después escoger donde ir.

Por eso adquiere un semental

y le da uso sin dudas normal.

Eva cambio la señal.

 

Eva sale a cazar en celo

Eva sale a buscar semillas

Eva sale y remonta vuelo

Eva deja de ser costilla

Eva no intenta vestir de tul,

Eva no cree en un príncipe azul.

Eva no inventa falso papel

el fruto es suyo con padre o sin él.

Eva se enfrenta al que dirán

firme al timón como buen capitán

y encoge hombros Adán.

 

 

 

3

Locuras

Hay locuras para la esperanza,

hay locuras también del dolor.

Y hay locuras de allá,

donde el cuerdo no alcanza,

locuras de otro color.

 

Hay locuras que son poesía,

hay locuras de un raro lugar.

Hay locuras sin nombre,

sin fecha, sin cura,

que no vale la pena curar.

 

Hay locuras que son

como brazos de mal:

te sorprenden, te arrastran,

te pierden y ya.

 

Hay locuras de ley,

pero no de buscar.

Hay locuras que son la locura:

personales locuras de dos.

 

Hay locuras que imprimen

dulces quemaduras,

locuras de Diosa y de Dios.

Hay locuras que hicieron el día,

hay locuras que están por venir.

 

Hay locuras tan vivas,

tan sanas, tan puras, que una de ellas será mi morir.

 

 

4

Con un poco de amor  

Con un poco de amor sobrevivo,

sobrevivo pecado, castigo.

Con un poco de amor yo me salvo,

sólo un poco de amor y soy algo.

 

Con un poco de amor tanto me enriquecí

que gastaba y siempre quedaba mi poco de amor.

 

Con un poco de amor me levanto

a mi diario de sed y de espanto.

Con un poco de amor yo progreso

canto himnos, me odian, voy preso.

 

Con un poco de amor tanto me enriquecí

que gastaba y siempre quedaba…

 

Con un poco de amor fue tejida mi piel

y el cincel de mis huesos fue un poco de amor.

Con un poco de amor soy yo mismo,

soy tú, soy aquel.

 

Con un poco de amor deberé continuar

a pesar de que sumo mil pocos de amor

Con un poco de amor

trabajando por un poco más.

 

Con un poco de amor sobrevivo

sobrevivo pecado, castigo.

Con un poco de amor yo me salvo,

sólo un poco de amor y soy algo.

 

Con un poco de amor tanto me enriquecí

que gastaba y siempre quedaba mi poco de amor.

 

 

5

Jerusalén año cero  

De mano en mano se pasa la verdad

y en cada mano olvidará

algo de cierto y también se llevará

de cada mano el parecer.

Si camináramos calendario atrás,

todo estaría al revés.

 

Algunos dicen que es falso

y otros repiten que es cierto,

que entró en Jerusalén siendo de día,

se dice que su túnica era blanca,

que iba posada en sus ojos

un ave del mediodía.

 

Aquel fue tiempo de tumbas,

aquel fue tiempo de flautas,

de mercaderes, de Legión Romana.

Se dice que la chusma lo seguía

que en su palabra sencilla

se lavaba la mañana.

 

El Rey de los judíos,

el hijo de los hombres,

El Cristo, El Nazareno

lo llamaban.

 

Jerusalén año cero y se cambió

la suerte con lo que pasó.

Jerusalén, año cero y Nazaret

y el caserío de Belén.

Jerusalén año cero fue el lugar

donde ocurrió, o donde no.

 

Fue enemigo del Imperio

y amigo de la palabra,

decía que todo era para todos:

se dice que enseñaba a los pastores

a compartir las ovejas

y a cuidarse de los lobos.

 

  

Tanta enseñanza hizo ruido

en el poder de los templos

y en la madera lo clavaron recio.

Se dijo que por mago o hechicero,

pero si la historia es cierta

fue porque hiciera silencio.

 

El Rey de los judíos,

el hijo de los hombres,

El Cristo, El Nazareno

lo llamaban.

 

 

6

Entre el espanto y la ternura  

Entre le espanto y la ternura

transcurre todo.

Un hombre sabio con la moldura,

la mano, el codo.

 

Entre el espanto y la ternura

crece la hiedra.

En sano juicio con la locura,

la flor, la piedra.

 

Entre el espanto y la ternura

la vida canta.

Una tonada clara y oscura,

profana y santa.

 

Entre el espanto y la ternura

corre la suerte,

con el abajo y con la altura,

con vida y muerte,

con vida y muerte.

 

Entre el espanto y la ternura

ayer y hoy día.

Manzanas verdes y las maduras

hay todavía, hay todavía,

hay todavía.

 

Entre el espanto y la ternura

hora temprana,

trabaja el hombre

entre locura

para mañana, para mañana.

 

 

7

Bolero y Habanera  

Tú la perdiste pero aquí se queda

al fin y al cabo está con un obrero

conozco un caso que me da más pena:

una muchacha de por El Cotorro

por una chapa HK en febrero

torció camino y se perdió de El Morro.

 

En todo caso las sabrás presente,

latiendo aún para las nobles cosas,

y no partida y con el alma inerte.

Lo que te falta te abandona menos,

sólo mudo de cuidador la rosa,

no se trocó la flor por el dinero.

 

Quien hace altar de la ganancia pierde

la condición, la latitud, el puesto.

Y pierde amor, pues la codicia muerde

jamás en yo y siempre allá en el resto.

 

  

Por otra parte detener amores

es pretender parar el universo.

Quien lleva amor asume sus dolores

y no lo para el sol ni su reverso.

 

Tú la perdiste pero aquí se queda

al fin y al cabo está con un obrero

conozco un caso que me da más pena:

una muchacha de por El Cotorro

por una chapa HK en febrero

torció camino y se perdió de El Morro.

 

Vaya con suerte quien se cree astuto

porque ha logrado acumular objetos,

pobre mortal que desalmado y bruto

perdió el amor y se perdió el respeto.

 

Por otra parte detener amores

es pretender parar el universo.

Quien lleva amor asume sus dolores

y no lo para el sol ni su reverso.

 

En todo caso las sabrás presente,

latiendo aún para las nobles cosas,

y no partida y con el alma inerte.

Lo que te falta te abandona menos

sólo mudo de cuidador la rosa

no se trocó la flor por el dinero.

 

 

8

La prisión  

La prisión termina,

la prisión malvada,

pero continúa

la prisión del alma, del alma.

 

La prisión se deja,

la prisión del hombre,

pero continúa

la prisión insomne, insomne.

 

La prisión se aleja,

la prisión amarga,

pero continúa

la prisión del alba, del alba.

 

La prisión acaba,

la prisión de hierro,

pero continúa

la prisión del sueño, del sueño.

 

10

Amigo mayor  

Amigo pude ser quien bien repara

en la musa o engendro que yo aporte.

Amigo, sí, es también quien me soporte,

pero amigo mayor es quien me ampara.

 

No me cures, hermano, de delirio,

de aullido, desmesura o arrebato.

Déjame arder en el amor ingrato

o en la inefable luz de otro martirio.

 

 

 

Pero cuando haga daño, aunque inocente,

corre hacia mi blandiendo el pecho abierto

y descorre las nubes de mi mente

sé amigo manantial en mi desierto;

que yo sabré recompensar tu acierto

con mayor amistad para la gente.

 

 

11

Oh Melancolía  

Hoy viene a mí la damisela soledad

con pamela, impertinentes y botón

de amapola en el oleaje de sus vuelos.

Hoy la voluble señorita es amistad

y acaricia finalmente el corazón

con su más delgado pétalo de hielo.

 

Por eso hoy

gentilmente te convido a pasear

por el patio, hasta el florido pabellón

de aquel árbol que plantaron los abuelos.

Hoy el ensueño es como el musgo en el brocal

dibujando los abismos de un amor

melancólico, sutil, pálido cielo.

 

Viene a mí, avanza,

viene tan despacio,

viene en una danza

leve en el espacio.

 

Cedo, me hago lacio

y ya vuelo, ave.

Se mece la nave,

lenta como el tul,

en la brisa suave

niña del azul.

 

Oh melancolía, novia silenciosa,

íntima pareja del ayer.

Oh melancolía, amante dichosa,

siempre me arrebata tu placer.

Oh melancolía, señora del tiempo,

beso que retorna como el mar.

Oh melancolía, rosa del aliento,

dime quién me puede amar.

 

12

Yo soy de donde hay un río (Décimas a mi abuelo)  

Yo soy de donde hay un río,

de la punta de una loma,

de familia con aroma

a tierra, tabaco y frío.

Soy de un paraje con brío

donde mi infancia surtí

y cuando después partí

a la ciudad y la trampa

me fui sabiendo que en Tampa

mi abuelo habló con Martí.

 

Supo la gran aventura,

supo la estación más triste,

supo el dolor que se viste

de redención la cintura;

supo la traición más dura,

luego el silencio, el rumor,

luego el murmullo, el clamor,

y al fin supo del aullido,

y del último estallido

mi abuelo supo el amor.

 

Así lo sé, porque quiero echarme

en su misma fosa,

sin oración y sin losa,

hueso con hueso viajero;

lo sé como el aguacero

sabe que acaba en la orilla;

lo sé como sé su silla,

su cuchillo, su mascada,

y su corona nevada,

cual sé también su rodilla.

 

13

Verbos en juego  

Si tu signo es jugar, juégalo todo:

tu camisa, tu patio, tu salud;

si tú debes jugar de cualquier modo

juega bien, con virtud.

Pero, ay amor, ay amor

no te juegues el corazón,

ay amor, ay amor.

 

Pon el verbo azul, corazón

Pon el verbo cien, corazón

pon el verbo tú,

pero pon el verbo que te haga bien.

 

Si tu signo es arder, arde con todo:

tu camisa, tu patio, tu salud;

si tú debes arder de cualquier modo

arde bien, con virtud.

Pero, ay amor, ay amor,

no te quemes el corazón,

ay amor, ay amor.

 

Pon el verbo azul, corazón

Pon el verbo cien, corazón

pon el verbo tú,

pero pon el verbo que te haga bien.

 

  

Si tu signo es cantar, cántalo todo:

tu camisa, tu patio, tu salud;

si tú debes cantar de cualquier modo

canta bien, con virtud.

Pero, ay amor, ay amor,

canta siempre de corazón,

ay amor, ay amor.

 

Pon el verbo azul, corazón

Pon el verbo cien, corazón

pon el verbo tú,

pero pon el verbo que te haga bien.

 

 

 

15

El extraño caso de las damas África  

El otro día fuimos al parque

a ver la galería de arte,

y cuando terminó la mañana

pasamos a comprar africanas.

Cargué con un cartucho

contento para casa

y lo guardé en el frío

porque el calor abraza,

y vaya usted a saber lo que pasa...

Anoche tuve una visita:

un matrimonio y su vejiguita,

y como era ocasión apropiada

quise brindarles mis africanas.

Cuando encontré la bolsa,

después de buscar mucho,

la sacudí en mi oído diciendo:

nada escucho.

Adentro hallé no más que cartucho.

¿Quién se comió mi africana?

Si no fue Juana,

ni fue su hermana,

que alguien me diga quién se ha comido mis africanas.

Es concebible,

y no imposible,

que yo sujete mis africanas con imperdibles.

Una pepilla,

me hacía cosquillas

interrogando sádicamente a la giraldilla.

Señor Abate,

no se arrebate

si usted encuentra tanta ricura de chocolate.

¿Quién fue?

¿Quién fue?

¿Quién se comió, quién se comió,

quién se comió mi africana.?

 

 

16

Hay quien precisa  

Los años pasan, sí, la vida no;

el mundo estalla hermoso alrededor.

Si el corazón mortal me deja de latir,

en ese instante hay quien saltó a vivir.

 

Los años pasan, sí, el fuego no;

el fuego volverá en los hijos del sol.

Si el pecho se apagó, por un soplo senil,

el gran incendio acudirá en cien mil.

 

Hay quien precisa una canción de amor,

hay quien precisa un canto de amistad,

hay quien precisa remontarse al sol,

para cantar la mayor libertad.

 

Hay quien precisa una canción de paz,

hay quien precisa el canto de un fusil,

hay quien precisa una evidencia más,

para tener la razón de vivir.

 

Los años pasan, sí, lo bello está;

lo bello está invitando a irlo a tomar.

Si el sueño envejeció, fue triste para él,

lo bello nunca más será de aquel.

 

 

 

17

En el jardín de la noche  

En el jardín de la noche

hay una rosa, luminosa,

que me mira fijamente a los ojos,

parpadea y me quiere decir cosas,

tantas cosas que no sé, que no sé.

Y es cuando alargo los brazos

para llevarle mis manos tan abiertas

que casi me siento llegar con el pie.

 

Pero yo,

quiero ser de noche el dueño

de los ojos, de la altura,

y he de fundir la montura

para galopar mi sueño.

 

Volaré,

tengo que domar el fuego

para cabalgar seguro

en la bestia de futuro

que me lleve a donde quiero.

En el jardín de la noche

hay una rosa, luminosa,

que me mira fijamente a los ojos,

parpadea y me quiere decir cosas,

tantas cosas que no sé, que no sé.

Y es cuando alargo los brazos

para llevarle mis manos tan abiertas

que casi me siento llegar...

 

Volaré,

volaré al jardín del cielo,

en un pájaro violento,

en un corredor del viento,

en un caballo de fuego.

 

Volaré,

quiero ser de noche el dueño

de los ojos de la altura

y he de fundir la montura

para galopar mi sueño.