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Mario Benedetti sobre Silvio Rodríguez
Tropacosmica
Argentropa

Rabo de Nube

 

1979

1. Rabo de nube.

2. Te amaré y después.

3. Fábula de los tres hermanos.

4. Que ya viví, que te vas.

5. Con diez años de menos.

6. Imagínate.

7. Testamento

 

 

 

 

 

1

Rabo de nube  

Si me dijeran pide un deseo,

preferiría un rabo de nube,

un torbellino en el suelo

y una gran ira que sube.

Un barredor de tristezas,

un aguacero en venganza

que cuando escampe parezca

nuestra esperanza.

 

Si me dijeran pide un deseo,

preferiría un rabo de nube,

que se llevara lo feo

y nos dejara el querube.

Un barredor de tristezas,

un aguacero en venganza

que cuando escampe parezca

nuestra esperanza.

 

 

 

2

Te amaré y después  

Te amaré, te amaré como al mundo

Te amaré aunque tenga final

 

Te amaré, te amaré en lo profundo

Te amaré como tengo que amar

 

Te amaré, te amaré como pueda

Te amaré aunque no sea la paz

 

Te amaré, te amaré lo que queda

Te amaré cuando acabe de amar

 

Te amaré, te amaré si estoy muerto

Te amaré el día siguiente además

 

Te amaré, te amaré como siento

Te amaré con adiós, con jamás

 

Te amaré, te amaré junto al viento

Te amaré como único ser

Te amaré hasta el fin de los tiempos

Te amaré y después, te amaré

 

3

 Fábula de los tres hermanos  

De tres hermanos el más grande se fue

Por la vereda a descubrir y a fundar

Y para nunca equivocarse o errar

Iba despierto y bien atento a cuanto iba a pisar

 

De tanto en esta posición caminar

Ya nunca el cuello se le enderezó

Y anduvo esclavo ya de la precaución

Y se hizo viejo, queriendo ir lejos, con su corta visión

 

Ojo que no mira más allá no ayuda el pie

Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú

 

De tres hermanos el de en medio se fue

Por la vereda a descubrir y a fundar

Y para nunca equivocarse o errar

Iba despierto y bien atento al horizonte igual

 

Pero este chico listo no podía ver

La piedra, el hoyo que vencía a su pie

Y revolcado siempre se la pasó

Y se hizo viejo, queriendo ir lejos, a donde no llegó

 

Ojo que no mira más acá tampoco fue

Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú

 

De tres hermanos el pequeño partió

Por la vereda a descubrir y a fundar

Y para nunca equivocarse o errar

Una pupila llevaba arriba y la otra en el andar

Y caminó, vereda adentro, el que más

Ojo en camino y ojo en lo por venir

Y cuando vino el tiempo de resumir

Ya su mirada estaba extraviada entre el estar y el ir

 

Ojo puesto en todo ya ni sabe lo que ve

Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú

 

 

 

 

 

4

Que ya viví, que te vas  

Dejé pasar unas horas

por si se huía tu sueño.

Durmiendo la veladora

tu tiempo se entró en mi tiempo

y, en fin, la guitarra sola

gira contigo en el centro.

Creo que la luna ya es muy alta

y en la caricia falta

un viaje a la humedad.

 

Creo que de noche me despierto

con frío, al descubierto,

tanteando oscuridad.

Creo que la lluvia está cayendo

y no voy sonriendo

dejándome mojar.

Creo que me va a quitar el sueño

un dedo aquí,

un labio allá,

que te perdí,

que ya no estás,

que ya viví,

que te vas.

 

Dejé pasar unas horas,

pupila veladora,

por si me daba igual.

 

Tu tiempo se metió en mi tiempo,

momentos y momentos

que no quieren pasar.

Y he aquí que la guitarra

vuelve a soltar amarras,

canta y gime al volar.

 

Creo que me va a quitar el sueño

un dedo aquí,

un labio allá,

que te perdí,

que ya no estás,

que ya viví,

que te vas.

 

 

5

Con diez años de menos  

Si fuera diez años más joven, qué feliz

y qué descaminado el tono de decir:

cada palabra desatando un temporal

y enloqueciendo la etiqueta ocasional.

 

Los años son, pues, mi mordaza, oh mujer;

sé demasiado me convierto en mi saber.

Quisiera haberte conocido años atrás

para sacar chispas del agua que me das,

para empuñar la alevosía y el candor

y saber olvidar mejor.

 

Esta mujer propone que salte y me estrelle

contra un muro de piedras que alza en el cielo

y como combustible me llena de anhelos,

de besos sin promesa y sentencias sin leyes.

Esta mujer propone un pacto que selle

la tierra con el viento, la luz con la sombra;

invoca los misterios del tiempo y me nombra.

Esta mujer propone que salte y me estrelle

sólo para verle,

sólo para amarle,

sólo para serle,

sólo y no olvidarle.

 

Con diez años de menos, no habría esperado

por sus proposiciones y hubiera corrido

como una fiera al lecho en que nos conocimos,

impúdico y sangriento, divino y alado.

Con diez años de menos, habría blasfemado

con savia de su cuerpo quemaría los templos

para que los cobarde tomaran ejemplo.

Con diez años de menos, hubiera matado

sólo para verle,

sólo para amarle,

sólo para serle,

sólo y no olvidarle.

 

 

 

 

6

Imagínate  

Imagínate

que desde muy niño

te llevaba flores

te daba mi abrigo.

 

Imagínate

que soy el amigo

de tu mismo barrio

que lleva tus libros.

 

Imagínate

que soy de tu calle

que siempre pasé

por donde miraste.

 

Imagínate

que hasta mi perro

me busca en tu puerta

cuando me le pierdo.

 

Imagínate

que eres mi dama

mi último sueño

mi más roja flama

 

Imagínate

que somos nosotros

tú y yo para siempre

que no eres de otro.

  

 

 

7

Testamento  

Como la muerte anda en secreto

y no se sabe qué mañana,

yo voy a hacer mi testamento,

a repartir lo que me falta

pues lo que tuve ya está hecho,

ya está abrigado, ya está en casa.

Yo voy a hacer mi testamento

para cerrar cuentas soñadas.

 

Le debo una canción a la sonrisa,

a la sonrisa de manantial, esa que salta:

le debo una canción a toda prisa

para que quede que estuvo cerca, agazapada.

 

Le debo una canción a lo que supe,

a lo que supe y no pudo ser más que silencio:

le debo una canción, una que ocupe

la cantidad de mordazamor de un juramento.

 

Les debo una canción a los pecados,

a los pecados que no gasté, los que no pude:

les debo una canción, no como hermano,

sólo de sal que el delectador también alude.

 

 Le debo una canción a la mentira,

a la mentira pequeña, frágil, casi salva:

le debo una canción endurecida,

una canción asesina, bruta, sanguinaria.

 

Le debo una canción al oportuno,

al oportuno mutilador de cuanta ala:

le debo una canción de tono oscuro

que lo encadene a vagar su eterna madrugada.

 

Le debo una canción a las fronteras,

a las fronteras humanas, no a las del misterio:

les debo una canción tan poco nueva

como la voz más elemental de los colegios.

  

Le debo una canción a una bala,

a un proyectil que debió esperarme en una selva:

le debo una canción desesperada,

desesperada por no poder llegar a verla.

 

Le debo una canción al compañero,

al compañero de riesgos, al de la victoria:

le debo una canción de canto nuevo,

una bandera común que vuele con la historia.

 

Le debo una canción, una, a la muerte,

una a la muerte voraz que se comerá tanto:

le debo una canción en que hunda el diente

y luego esparza con la explosión fuegos del canto.

 

Le debo una canción a lo imposible,

a la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza:

le debo una canción indescriptible

como una vela inflamada en vientos de esperanza.