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Mario Benedetti sobre Silvio Rodríguez
Tropacosmica
Argentropa

 

Silvio en Chile
Volumen I
1991

 

1. Tonada de la muerte

  2. Concierto andino (instrumental)

  3. Causas y azares

  4. Décimas a mi abuelo

5. Pequeña serenata diurna

  6. El hombre extraño

  7. La maza

  8. Por quien merece amor

  9. Canción en harapos

 10. La escalera

 

1

Tonada de la muerte  

Desde el día que me alumbra

hijo me llama la muerte

y así repite mi suerte

entre penumbra y penumbra.

Pero la luz me deslumbra

y siento afán de guardarla

verle nacer y sembrarla

para que nazcan ventanas

y salgo a fundar mañanas

pese a la muerte y su charla.

 

La muerte ronda conmigo

hasta muy tarde en la noche

yo voy a pie y ella en coche

silenciosa, de testigo.

Sabe que soy su enemigo

su hijo desobediente

por eso silba entre dientes

una tonada de aviso

y yo aún sin permiso

sueño más resplandeciente.

La muerte madre y consejo

rompe afilar la guadaña

me alza la voz, me regaña

porque no espero a ser viejo.

Traspasando su entrecejo

llego al fondo del secreto

y con crecido respeto

veo como se deslizan

dos lágrimas por las lisas

mejillas de su esqueleto.

 

 

3

Causas y azares  

Cuando Pedro salió a su ventana

no sabía, mi amor, no sabía

que la luz de esa clara mañana

era luz de su último día.

Y las causas lo fueron cercando

cotidianas, invisibles.

Y el azar se le iba enredando

poderoso, invencible.

 

Cuando Juan regresaba a su lecho

no sabía, oh alma querida

que en la noche lluviosa y sin techo

lo esperaba el amor de su vida.

Y las causas lo fueron cercando

cotidianas, invisibles.

Y el azar se le iba enredando

poderoso, invencible.

 

Cuando acabe este verso que canto

yo no sé, yo no sé, madre mía

si me espera la paz o el espanto;

si el ahora o si el todavía.

Pues las causas me andan cercando

cotidianas, invisibles.

Y el azar se me viene enredando

poderoso, invencible.

 

 

 

4

Yo soy de donde hay un río (Décimas a mi abuelo)  

Yo soy de donde hay un río,

de la punta de una loma,

de familia con aroma

a tierra, tabaco y frío.

Soy de un paraje con brío

donde mi infancia surtí

y cuando después partí

a la ciudad y la trampa

me fui sabiendo que en Tampa

mi abuelo habló con Martí.

 

Supo la gran aventura,

supo la estación más triste,

supo el dolor que se viste

de redención la cintura;

supo la traición más dura,

luego el silencio, el rumor,

luego el murmullo, el clamor,

y al fin supo del aullido,

y del último estallido

mi abuelo supo el amor.

 

Así lo sé, porque quiero echarme

en su misma fosa,

sin oración y sin losa,

hueso con hueso viajero;

lo sé como el aguacero

sabe que acaba en la orilla;

lo sé como sé su silla,

su cuchillo, su mascada,

y su corona nevada,

cual sé también su rodilla.

 

 

5

Pequeña serenata diurna  

 

Vivo en un país libre

cual solamente puede ser libre

en esta tierra, en este instante

y soy feliz porque soy gigante.

Amo a una mujer clara

que amo y me ama

sin pedir nada

-o casi nada,

que no es lo mismo

pero es igual-.

Y si esto fuera poco,

tengo mis cantos

que poco a poco

muelo y rehago

habitando el tiempo,

como le cuadra

a un hombre despierto.

Soy feliz,

soy un hombre feliz,

y quiero que me perdonen

por este día

los muertos de mi felicidad. 

 

 

6

El hombre extraño

Era extraño aquel hombre,
o por tal lo tomaron,
porque besaba todo
lo que hallaba a su paso,
lo que hallaba a su paso.

Besaba a las personas
al perro, al mobiliario,
y mordía dulcemente
la ventana de un cuarto,
la ventana de un cuarto

Cuando salía a la calle
le iba besando al barrio
las esquinas, aceras,
portales y mercados
y en las noches de cine,
(también las de teatro)
besaba su butaca
y las de sus costados.

Por estas y otra muchas,
los cuerdos lo llevaron
donde nadie lo viera
donde no recordarlo,
donde no recordarlo.

Y cuentan que en su celda
besaba sus zapatos,
su catre, sus barrotes,
sus paredes de barro,
sus paredes de barro.

Un día, sin aviso,
murió aquel hombre extraño;
y muy naturalmente,
en tierra lo sembraron.
En ese mismo instante,
desde el cielo, los pájaros
descubrieron que al mundo
le habían nacido labios.

Era extraño aquel hombre...

7

La maza  

Si no creyera en la locura

de la garganta del sinsonte

si no creyera que en el monte

se esconde el trino y la pavura

 

si no creyera en la balanza

en la razón del equilibrio

si no creyera en el delirio

si no creyera en la esperanza

 

si no creyera en lo que agencio

si no creyera en mi camino

si no creyera en mi sonido

si no creyera en mi silencio

 

qué cosa fuera

que cosa fuera la maza sin cantera

un amasijo hecho de cuerdas y tendones

un revoltijo de carne con madera

un instrumento sin mejores resplandores

qué lucecitas montadas para escena

 

 qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera

qué cosa fuera la maza sin cantera

 

un testaferro del traidor de los aplausos

un servidor de pasado en copa nueva

un eternizador de dioses del ocaso

júbilo hervido con trapo y lentejuela

 

qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera

qué cosa fuera la maza sin cantera

qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera

qué cosa fuera la maza sin cantera

 

si no creyera en lo más duro

si no creyera en el deseo

si no creyera en lo que creo

si no creyera en algo puro

 

si no creyera en cada herida

si no creyera en la que ronde

si no creyera en lo que esconde

hacerse hermano de la vida

 

si no creyera en quien me escucha

si no creyera en lo que duele

si no creyera en lo que quede

si no creyera en lo que lucha

 

qué cosa fuera

que cosa fuera la maza sin cantera

un amasijo hecho de cuerdas y tendones

un revoltijo de carne con madera

un instrumento sin mejores resplandores

qué lucecitas montadas para escena

 

qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera

qué cosa fuera la maza sin cantera

un testaferro del traidor de los aplausos

un servidor de pasado en copa nueva

qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera

qué cosa fuera la maza sin cantera

 

un eternizador de dioses del ocaso

júbilo hervido con trapo y lentejuela

 

qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera

qué cosa fuera la maza sin cantera

 

 8

Por quien merece amor  

Te molesta mi amor,

mi amor de juventud,

y mi amor es un arte

en virtud.

 

Te molesta mi amor,

mi amor sin antifaz,

y mi amor es un arte

de paz.

 

Mi amor es mi prenda encantada,

es mi extensa morada,

es mi espacio sin fin.

Mi amor no precisa fronteras;

como la primavera,

no prefiere jardín.

 

Mi amor no es amor de mercado,

porque un amor sangrado

no es amor de lucrar.

 

Mi amor es todo cuanto tengo;

si lo niego o lo vendo,

¿para qué respirar?

 

Te molesta mi amor,

mi amor de humanidad,

y mi amor es un arte

en su edad.

 

Te molesta mi amor,

mi amor de surtidor,

y mi amor es un arte

mayor.

 

 Mi amor no es amor de un solo,

sino alma de todo

lo que urge sanar.

Mi amor es una amor de abajo

 

que el devenir me trajo

para hacerlo empinar.

 

Mi amor, el más enamorado,

es del más olvidado

en su antiguo dolor.

Mi amor abre pecho a la muerte

y despeña su suerte

por un tiempo mejor.

Mi amor, este amor aguerrido,

es un sol encendido,

por quien merece amor.

 

9

Canción en harapos  

Que fácil es agitar un pañuelo a la tropa solar

del manifiesto marxista y la historia del hambre

que fácil es suspirar ante el gesto del hombre

que cumple un deber

y regalarle ropitas a la pobrecita

hija del chofer

que fácil de enmascarar sale la oportunidad.

Que fácil es engañar al que no sabe leer

cuántos colores, cuántas facetas tiene el pequeño burgués.

Que fácil es trascender con fama de original

pero se sabe que entre los ciegos el tuerto suele mandar

que fácil de apuntalar sale la vieja moral

que se disfraza de barricada

de los que nunca tuvieron nada

qué bien prepara su mascara el pequeño burgués.

Viva el harapo señor

y la mesa sin mantel

viva el que huela a callejuela

a palabrota y taller.

Desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir

la caravana en harapos de todos los pobres

desde un mantel importado y un vino añejado

se lucha muy bien

desde una mesa gigante y un auto elegante

se sufre también

en un amable festín se suele ver combatir.

Si fácil es abusar más fácil es condenar

y hacer papeles para la historia para que te haga un lugar.

Que fácil es protestar por la bomba que cayó

a mil kilómetros del ropero y del refrigerador

que fácil es escribir algo que invite a la acción

contra tiranos, contra asesinos

contra la cruz o el poder divino

siempre al alcance de la vidriera y el comedor.

Viva el harapo señor

y la mesa sin mantel

viva el que huela a callejuela

a palabrota y taller.

 

 

 

 

 

 

10

La escalera

 

Iba silbando mi trino

por una calle cualquiera

cuando a un lado del camino

me encontré con la escalera.

Era una escala sencilla

de rústico enmaderado

desde la calle amarilla

hasta el rojo de un tejado.

 

¿Qué se verá desde el techo?

dijo la voz de un extraño

y sin meditar el trecho

le puse afán al peldaño.

La brisa me acompañaba

en el ascenso del alma

y mi camisa volaba

junto al sinsonte y la palma.

 

Mientras más ganaba altura

la calle me parecía

más pequeña, menos dura

como de juguetería.

Y sucedió de repente

que después de alimentarme

con la visión diferente

sólo quedaba bajarme.

 

Dejé la altura en su calma

dejé el cielo en su horizonte

siguió batiendo la palma

siguió volando el sinsonte.

Me encontré con la escalera

cuando a un lado del camino

por una calle cualquiera

iba silbando mi trino.