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2. Concierto andino (instrumental)
Desde el día que me alumbra hijo me llama la muerte y así repite mi suerte entre penumbra y penumbra. Pero la luz me deslumbra y siento afán de guardarla verle nacer y sembrarla para que nazcan ventanas y salgo a fundar mañanas pese a la muerte y su charla.
La muerte ronda conmigo hasta muy tarde en la noche yo voy a pie y ella en coche silenciosa, de testigo. Sabe que soy su enemigo su hijo desobediente por eso silba entre dientes una tonada de aviso y yo aún sin permiso sueño más resplandeciente. La muerte madre y consejo rompe afilar la guadaña me alza la voz, me regaña porque no espero a ser viejo. Traspasando su entrecejo llego al fondo del secreto y con crecido respeto veo como se deslizan dos lágrimas por las lisas mejillas de su esqueleto.
Cuando Pedro salió a su ventana no sabía, mi amor, no sabía que la luz de esa clara mañana era luz de su último día. Y las causas lo fueron cercando cotidianas, invisibles. Y el azar se le iba enredando poderoso, invencible.
Cuando Juan regresaba a su lecho no sabía, oh alma querida que en la noche lluviosa y sin techo lo esperaba el amor de su vida. Y las causas lo fueron cercando cotidianas, invisibles. Y el azar se le iba enredando poderoso, invencible.
Cuando acabe este verso que canto yo no sé, yo no sé, madre mía si me espera la paz o el espanto; si el ahora o si el todavía. Pues las causas me andan cercando cotidianas, invisibles. Y el azar se me viene enredando poderoso, invencible.
Yo soy de donde hay un río, de la punta de una loma, de familia con aroma a tierra, tabaco y frío. Soy de un paraje con brío donde mi infancia surtí y cuando después partí a la ciudad y la trampa me fui sabiendo que en Tampa mi abuelo habló con Martí.
Supo la gran aventura, supo la estación más triste, supo el dolor que se viste de redención la cintura; supo la traición más dura, luego el silencio, el rumor, luego el murmullo, el clamor, y al fin supo del aullido, y del último estallido mi abuelo supo el amor.
Así lo sé, porque quiero echarme en su misma fosa, sin oración y sin losa, hueso con hueso viajero; lo sé como el aguacero sabe que acaba en la orilla; lo sé como sé su silla, su cuchillo, su mascada, y su corona nevada, cual sé también su rodilla.
Vivo en un país libre cual solamente puede ser libre en esta tierra, en este instante y soy feliz porque soy gigante. Amo a una mujer clara que amo y me ama sin pedir nada -o casi nada, que no es lo mismo pero es igual-. Y si esto fuera poco, tengo mis cantos que poco a poco muelo y rehago habitando el tiempo, como le cuadra a un hombre despierto. Soy feliz, soy un hombre feliz, y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad.
Era extraño aquel hombre,
Si no creyera en la locura de la garganta del sinsonte si no creyera que en el monte se esconde el trino y la pavura
si no creyera en la balanza en la razón del equilibrio si no creyera en el delirio si no creyera en la esperanza
si no creyera en lo que agencio si no creyera en mi camino si no creyera en mi sonido si no creyera en mi silencio
qué cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera un amasijo hecho de cuerdas y tendones un revoltijo de carne con madera un instrumento sin mejores resplandores qué lucecitas montadas para escena
qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera
un testaferro del traidor de los aplausos un servidor de pasado en copa nueva un eternizador de dioses del ocaso júbilo hervido con trapo y lentejuela
qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera
si no creyera en lo más duro si no creyera en el deseo si no creyera en lo que creo si no creyera en algo puro
si no creyera en cada herida si no creyera en la que ronde si no creyera en lo que esconde hacerse hermano de la vida
si no creyera en quien me escucha si no creyera en lo que duele si no creyera en lo que quede si no creyera en lo que lucha
qué cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera un amasijo hecho de cuerdas y tendones un revoltijo de carne con madera un instrumento sin mejores resplandores qué lucecitas montadas para escena
qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera un testaferro del traidor de los aplausos un servidor de pasado en copa nueva qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera
un eternizador de dioses del ocaso júbilo hervido con trapo y lentejuela
qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera
Te molesta mi amor, mi amor de juventud, y mi amor es un arte en virtud.
Te molesta mi amor, mi amor sin antifaz, y mi amor es un arte de paz.
Mi amor es mi prenda encantada, es mi extensa morada, es mi espacio sin fin. Mi amor no precisa fronteras; como la primavera, no prefiere jardín.
Mi amor no es amor de mercado, porque un amor sangrado no es amor de lucrar.
Mi amor es todo cuanto tengo; si lo niego o lo vendo, ¿para qué respirar?
Te molesta mi amor, mi amor de humanidad, y mi amor es un arte en su edad.
Te molesta mi amor, mi amor de surtidor, y mi amor es un arte mayor.
Mi amor no es amor de un solo, sino alma de todo lo que urge sanar. Mi amor es una amor de abajo
que el devenir me trajo para hacerlo empinar.
Mi amor, el más enamorado, es del más olvidado en su antiguo dolor. Mi amor abre pecho a la muerte y despeña su suerte por un tiempo mejor. Mi amor, este amor aguerrido, es un sol encendido, por quien merece amor.
Que fácil es agitar un pañuelo a la tropa solar del manifiesto marxista y la historia del hambre que fácil es suspirar ante el gesto del hombre que cumple un deber y regalarle ropitas a la pobrecita hija del chofer que fácil de enmascarar sale la oportunidad. Que fácil es engañar al que no sabe leer cuántos colores, cuántas facetas tiene el pequeño burgués. Que fácil es trascender con fama de original pero se sabe que entre los ciegos el tuerto suele mandar que fácil de apuntalar sale la vieja moral que se disfraza de barricada de los que nunca tuvieron nada qué bien prepara su mascara el pequeño burgués. Viva el harapo señor y la mesa sin mantel viva el que huela a callejuela a palabrota y taller. Desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir la caravana en harapos de todos los pobres desde un mantel importado y un vino añejado se lucha muy bien desde una mesa gigante y un auto elegante se sufre también en un amable festín se suele ver combatir. Si fácil es abusar más fácil es condenar y hacer papeles para la historia para que te haga un lugar. Que fácil es protestar por la bomba que cayó a mil kilómetros del ropero y del refrigerador que fácil es escribir algo que invite a la acción contra tiranos, contra asesinos contra la cruz o el poder divino siempre al alcance de la vidriera y el comedor. Viva el harapo señor y la mesa sin mantel viva el que huela a callejuela a palabrota y taller.
La escalera
Iba silbando mi trino por una calle cualquiera cuando a un lado del camino me encontré con la escalera. Era una escala sencilla de rústico enmaderado desde la calle amarilla hasta el rojo de un tejado.
¿Qué se verá desde el techo? dijo la voz de un extraño y sin meditar el trecho le puse afán al peldaño. La brisa me acompañaba en el ascenso del alma y mi camisa volaba junto al sinsonte y la palma.
Mientras más ganaba altura la calle me parecía más pequeña, menos dura como de juguetería. Y sucedió de repente que después de alimentarme con la visión diferente sólo quedaba bajarme.
Dejé la altura en su calma dejé el cielo en su horizonte siguió batiendo la palma siguió volando el sinsonte. Me encontré con la escalera cuando a un lado del camino por una calle cualquiera iba silbando mi trino.
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