Pensaba en esto de los
"ruidos"...
Sentía que a veces
hay
ruidos que aturden... que
impiden conectarnos con
momentos de silencios que ameritan soledades...
Y ahí el tema...
La soledad la emparientan con la tristeza... con el
vacío...
y en mi caso al menos me ayudó para provocar un nuevo
orden en mi vida...
Soledad a la que amo y a la que no le temo...
Soledad que me ayudó a darme cuenta ( al decir de
Silvio Rodríguez *) que a veces:
Hay tantas luces en la sala
tanta gente que nos llama
que no se oye nada.
Por lo que me parece un tema interesante... separar
el saber, querer y necesitar estar solo ... con el sentirse
abandónicamente sólo.
Tengo 43 años, no estoy en pareja y la pregunta
obligada parece ser ¿estás sola?...
No me comprenden cuando les contesto: " No, no estoy
sola... estaba sola cuando no me conocía a mí misma... y "era", "vivía" en
función de lo que los demás decían o querían...
Cuando aprendí a disfrutar y buscar momentos de
soledad... para reflexionar, para crecer...
Cuando aprendí a estar conmigo a solas... cuando supe quien soy ... a
partir de generarme esos momentos de soledad ... aquello ... me llevó a
estar con mucha gente... pero aquella gente que sé,
me aman bien...
Y
allí
entendí que la palabra Soledad no tiene una sola cara...
Creo que vos podés entender la diferencia que quiero marcar entre
descubrir la maravilla que nos puede brindar el "estar solos" ( en algún
momento de la vida) a la tristeza de "sentirnos solos"... aún
acompañados...
Yo sé que es difícil ... intentar explicarlo... pero
( parafraseando nuevamente a Rodriguez...):
Este pedazo de la historia
es aguerrido para ver y reposar.
Parece que es definitivo
se rompe todo y todo vuelve a comenzar
El mundo entra por la puerta
con mil sabores que no puedo recordar.
Cómo ha crecido lo que miro:
los viejos ruidos ya no sirven para hablar.
Ya descubrí los ascensores,
los cines y las construcciones,
la fosforera y el avión;
y otras cosas que conozco bien,
que cuando niño no sabía observar
(entonces no necesitaba:
con los juegos siempre basta
para comprender).
Crecí parejo como un cielo
lleno de objetos que brillaban con el sol,
como vivir frente a un espejo
y no saberlo hasta tocarme y verme yo.
Y todo crece en cada libro,
en cada cinta, en cada cuento
en cada vista alrededor.
Y es doloroso aprender a vivir:
todo profana la atención vital.
Hay tantas luces en la sala
tanta gente que nos llama
que no se oye nada.
Este pedazo de la historia
es aguerrido para ver y reposar.
Parece que es definitivo
se rompe todo y todo vuelve a comenzar.