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(Argentina)
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4. Canción de la nueva escuela 1971
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Cómo gasto papeles recordándote
Cómo me haces hablar en el silencio
Y cómo no te me quitas de las ganas
Aunque nadie me vea nunca contigo
Y cómo pasa el tiempo
Que de pronto son años
Sin pasar tú por mí
Detenida
Te doy una canción
Si abro una puerta
Y de las sombras sales tú
Te doy una canción
De madrugada
Cuando más quiero tu luz
Te doy una canción
Cuando apareces
el misterio del amor
Y si no lo apareces
No me importa
Yo te doy una canción
Si miro un poco afuera
Me detengo
La ciudad se derrumba
Y yo cantando
La gente que me odia
Y que me quiere
No me va a perdonar
Que me distraiga
Creen que lo digo todo
Que me juego la vida
Porque no te conocen
Ni te sienten
Te doy una canción
Y hago un discurso
Sobre mi derecho a hablar
Te doy una canción
Con mis dos manos
Con las mismas de matar
Te doy una canción
Y digo: Patria
Y sigo hablando para ti
Te doy una canción
Como un disparo, como un libro
Una palabra, una guerrilla
Como doy el amor
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Te convido a creerme cuando digo futuro
si no crees mi palabra, cree el brillo de un gesto
Cree en mi cuerpo, cree en mis manos que se acaban.
Te convido a creerme cuando digo futuro
si no crees en mis ojos, cree en la angustia de un grito
cree en la tierra, cree en la lluvia, cree en la savia.
Hay veinte mil nuevas semillas en el valle desde ayer.
Hay restos de desesperados, hay el hombre y la mujer.
Los fierros se fundieron ya
hay paciencia hay que dar más.
Hay un país en rocas y ruinas bajo otro país de pan
hay una madre que camina codo a codo con su clan.
Los fierros se fundieron ya
hay paciencia hay que dar más.
Hay cuatro niños ahora mismo sonriendo en una plaza
y en las trastienda de una bala un militar que no ha dormido
Y aquella linda muchachita vuelve a recortar su saya
sí es importante desde un niño hasta el largo de un vestido.
Los fierros se fundieron ya
hay paciencia hay que dar más.
Yo te convido a creerme cuando digo futuro.
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Madre, en tu día
no
dejamos de mandarte nuestro amor
Madre,
en tu día
con
las vidas construimos tu canción
con
las vidas construimos tu canción
Madre, que tu nostalgia
se
vuelva el odio más feroz.
Madre,
necesitamos de tu arroz.
Madre,
ya no estés triste
la
primavera volverá
Madre, con la palabra libertad.
Madre, los que no estemos
para cantarte esta canción,
madre, recuerda que fue por tu
amor.
Madre, en tu día
madre
patria y madre revolución.
Madre
en tu día
tus
muchachos barren minas de Hai Fon
tus
muchachos barren minas de Hai Fon
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Esta es la nueva escuela.
Esta es
la nueva casa.
Casa y
escuela nueva,
como
cuna de nueva raza.
Estos son sus jardines.
Estos
sus semilleros,
hechos
con adoquines
de
vergüenza, piedra y lucero.
Estos que continuamos
bajo la
sombra más que aguerrida
de
aquella semilla.
Vemos
en estos muros
un
preludio del futuro
que lo bueno de los años duros
salvaron de ayer.
Estos los que habitamos
los
lugares alzados a golpes
de
sangre y martillo.
Más que
vivir juramos
por los
sueños, por las manos,
que por este edificio sin dueño
se hicieron doler, doler.
Esta es la nueva escuela ...
Estos son sus jardines ...
Allí ame a una mujer terrible,
llorando por el humo siempre eterno
de aquella ciudad acorralada
por símbolos de invierno.
Allí aprendí a quitar con piel el frío
y a echar luego mi cuerpo a la llovizna,
en manos de la niebla dura y blanca,
en calles del enigma.
Eso no está muerto,
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado.
Allí entre los cerros tuve amigos
que entre bombas de humo eran hermanos.
Allí yo tuve más de cuatro cosas
que siempre he deseado.
Allí nuestra canción se hizo pequeña
entre la multitud desesperada:
un poderoso canto de la tierra
era quien más cantaba.
Eso no está muerto,
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado.
Hasta allí me siguió, como una sombra,
el rostro del que ya no se veía,
y en el oído me susurro la muerte
que ya aparecería.
Allí yo tuve un odio, una vergüenza:
niños mendigos de la madrugada,
y el deseo de cambiar cada cuerda
por un saco de balas.
Eso no está muerto,
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado.
Vivo en un país libre
cual solamente puede ser libre
en esta tierra, en este instante
y soy feliz porque soy gigante.
Amo a una mujer clara
que amo y me ama
sin pedir nada
-o casi nada,
que no es lo mismo
pero es igual-.
Y si esto fuera poco,
tengo mis cantos
que poco a poco
muelo y rehago
habitando el tiempo,
como le cuadra
a un hombre despierto.
Soy feliz,
soy un hombre feliz,
y quiero que me perdonen
por este día
los muertos de mi felicidad.
Del amor estamos hablando
Por amor estamos haciendo
Por amor se está hasta matando
Para por amor seguir trabajando.
Que nadie interrumpa el ritmo
Queremos amar en paz
Para decir en un grito
Cuba va, Cuba va.
Cuba va...................!!
Quiero abrir mi voz al mundo
Que llegue al último confín
de norte a sur y de este a oeste
Y que cualquier hombre pueda
gritar sus propias esperanzas,
sus heridas y sus luchas
cuando diga:
Cuba va! Cuba va!
Cuba va.....!
Puede que algún machete
Se enrede en la maleza
Puede que alguna noche
Las estrellas no quieran salir
Puede que con los brazos
Haya que abrir la selva
Pero a pesar de los pesares como sea Cuba va.
Cuba va!!...
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A la memoria del Mayor General
Ignacio Agramonte y Loynaz,
en el centenario de su caída en
combate en la sabana de Jimaguayú,
el 12 de mayo de 1873.
El hombre se hizo siempre
de todo material:
de villas señoriales
o barrio margina.
Toda época fue pieza
de un rompecabezas
para subir la cuesta del gran reino animal,
con una mano negra
y otra blanca mortal.
Mortales ingredientes
armaron al Mayor:
luz de terratenientes
y de Revolución:
destreza de la esgrima,
sucesos como un preso,
Amalia abandonada
por la bala,
la vergüenza, el amor;
o un fusilamiento,
un viejo cuento
modelaron su adiós.
Va cabalgando
El Mayor con su herida,
y mientras más mortal el tajo,
es más de vida.
Va cabalgando
sobre una palma escrita,
y a la distancia de cien años
resucita.
Trota sobre la espuma,
seguido por un mar
de negros en machete
y sin encadenar.
Ordena a su corneta
el toque de a degüello,
y a un siglo de distancia
entona nuestra canción
y con recia garganta
canta,
espanta
lejos la maldición.
Va cabalgando
El Mayor con su herida,
y mientras más mortal el tajo,
es más de vida.
Va cabalgando
sobre una palma escrita,
y a la distancia de cien años
resucita.
Preparando un adiós.
La palabra que se dirá in memorian
Será la explosión.
Se perdió el hombre de este siglo allí,
Su nombre y apellido son : Fusil contra fusil.
Se quebró la cáscara del viento al sur
Y sobre la primera cruz despierta la verdad.
Todo el mundo tercero va
A enterrar su dolor.
Con granizo de plomo hará
Su agujero de honor, su canción.
Dejarán el cuerpo de la vida allí,
Su nombre y apellido son : fusil contra fusil.
Cantarán su luto de hombre y animal
Y en vez de lágrimas echar, con plomo llorarán.
Alzarán al hombre de la tumba al sol
Y el nombre se repetirán. Fusil contra fusil.
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Se
ha perdido la oveja negra,
la
oveja negra.
Se me
ha ido para las piedras,
para
las piedras.
A ese
pasto que queda arriba,
en las montañas, cerca del sol.
O estará buscando otra oveja de
su color.
Se ha perdido una oveja.
Es
la misma que de oscura en la noche
no se
ve bajo los rayos de la luna.
Es la
misma que se atora en los barrancos.
Es la
misma que anteayer maldijo el cura.
Ahora
es la maldición de mi rebaño.
Ahora
es la incertidumbre de mis hijos.
Ahora
es cuanto hay de triste en estos años.
Porque
el padre por su boca la maldijo
Se ha perdido una oveja
Ya
mañana vendrá temprano,
vendrá
temprano.
Estaré
para echarle mano,
echarle
mano.
Romperé
con su mal ejemplo
para el rebaño que manda Dios
porque el pasto de mis ovejas
lo siembro yo.
Se ha perdido una oveja