[Principal][Silvio_Rodriguez][dE tOdO uN pOcO]

 

Año 2002

... tratando de entender por qué hay tantos estúpidos a nuestro alrededor y no nos damos cuenta que existen ... 

 

 

... Pienso ...:

¿¿! seré estúpida... ??!

 

 

 (Es interesante leer el texto completo, pero para los que se aburren con lo largo... [Sic],  sólo lean lo que destaqué en "negrita"  tratando resultara un resumen)

 

 Introducción

 

La humanidad se encuentra - y sobre esta afirmación el acuerdo es unánime - en un estado deplorable. No anuncio ninguna novedad, lo sé. Si uno se atreve a mirar hacia atrás, se dará cuenta de que la humanidad siempre ha estado en un estado deplorable. 

Desde Darwin sabemos que compartimos nuestro origen con las especies del reino animal, y somos conscientes de que todas las especies, desde el gusanito [o la gusanita!!] manzanero hasta el elefante africano, tienen que soportar su dosis cotidiana de tribulaciones, temores, frustraciones, penas y adversidades. Los seres humanos, sin embargo, poseemos el privilegio de tener que cargar con un peso añadido: una dosis extra de dificultad cotidiana provocada por un grupo élite de criaturas que, por curioso y contradictorio que pueda parecer, pertenecen a nuestro propio género. Este grupo es mucho más poderoso que la Mafia, más poderoso que cualquier institución industrial-militar. Se trata de un grupo no organizado, que no se rige por ninguna ley, que no tiene jefe, ni presidente, ni estatuto y que aún así, cual guiado por una mano invisible, consigue actuar en perfecta sintonía y de tal modo que las actividades de cada uno de sus miembros contribuyen poderosamente a reforzar y ampliar la eficacia de los miembros restantes.

Las páginas que siguen no son más que el resultado de un esfuerzo constructivo por investigar, conocer y, por tanto, posiblemente neutralizar, una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad: hablamos de la estupidez humana.

 

Primera Ley Fundamental



La Primera Ley Fundamental de la Estupidez Humana afirma sin ambigüedad que:

Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

A primera vista la afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la rotunda veracidad de esta afirmación. Considérese lo que sigue. Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de la estupidez humana, siempre quedan estúpidos, de un modo repetido y recurrente, debido a que:

a) personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado se revelan después, de repente, inequívoca e irremediablemente estúpidas;

b) día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.

La Primera ley Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas respecto del total de la población. Cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación. Por ello en las páginas que siguen se designará la cuota de personas estúpidas en el seno de una población con el símbolo ƒ.

 

Segunda ley Fundamental

 

Las tendencias culturales de moda en los países occidentales defienden una visión igualitaria de la humanidad. Gusta pensar en la figura del hombre como el producto de una perfecta obra de ingeniería creada por la evolución. La genética y la sociología, sobre todo, se esfuerzan por demostrar, con un impresionante aparato de información científica y complejas formulaciones, que todos los hombres son iguales por naturaleza y que si algunos son más iguales que otros, esto ha de atribuirse a la educación y al ambiente social y no a la Madre Naturaleza.

Se trata de una opinión extendida que yo, personalmente, no comparto. Años de observación y experimentación me han convencido de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son, y de que la diferencia no la determinan fuerzas o factores culturales sino los intrincados caprichos biogenéticos de la Madre Naturaleza. Uno es estúpido en la misma forma en que tiene el cabello rubio o pertenece a un determinado grupo sanguíneo. En definitiva, uno nace estúpido por designio inescrutable de la Divina Providencia.

Pero no me malinterpreten: no soy ningún reaccionario que pretenda introducir furtivas discriminaciones de clase o raza. Creo firmemente que la estupidez es una condición repartida de manera totalmente igualitaria e uniforme entre los grupos humanos. Este hecho está expresado científicamente en la Segunda Ley Fundamental que sostiene que:

La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

El porcentaje ƒ de estúpidos es siempre el mismo, independientemente de la dimensión o ubicación del grupo estudiado. Ningún otro tipo de fenómeno objeto de observación ha ofrecido jamás una prueba tan singular del aplastante poder de la Naturaleza.

 

Intervalo Técnico

 

Llegados a este punto, es necesario aclarar el concepto de estupidez humana y definir la dramatis persona. Los individuos se caracterizan por diferentes grados de propensión a la socialización.

 Existen individuos para quienes cualquier contacto con otros individuos es una dolorosa necesidad. Estos se ven obligados, literalmente, a soportar a las personas, y las personas se ven obligadas a soportarlos a ellos. 

En el otro extremo del espectro, se hallan los individuos que no pueden soportar de ningún modo vivir en soledad y están dispuestos a pasar el tiempo en compañía de personas que desprecian antes que estar solos. 

Ya Aristóteles divulgó este concepto al escribir que "el hombre es un animal social", y la validez de su afirmación está demostrada por el hecho de que nos movemos en grupos sociales, que existen más personas casadas que solteras, que se malgasta mucho dinero y tiempo en exasperados y aburridos cocktail parties, y que la palabra soledad suele tener connotaciones negativas.

 

Tercera Ley Fundamental (Ley de Oro)

 

La tercera Ley Fundamental aclara explícitamente que:

Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

A la vista de esta Tercera Ley Fundamental, las personas racionales reaccionan instintivamente con escepticismo e incredulidad, pero si reflexionamos bien, habrá que admitir que nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. 

En realidad, no existe explicación -o mejor dicho- sólo hay una explicación posible: la persona en cuestión es estúpida. Y no sólo esto, desafiando los instintos de supervivencia más básicos, existen personas que, con sus inverosímiles acciones, no sólo causan daños a otras personas, sino también a sí mismas. Estas personas pertenecen al género de los superestúpidos.

 

El Poder de la Estupidez

 

No resulta difícil comprender de qué manera el poder político, económico o burocrático aumenta el potencial nocivo de una persona estúpida. Pero nos queda aún por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve a una persona estúpida o, en otras palabras, en qué radica el poder de la estupidez.

Esencialmente, los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado. Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad. Racionalidad perversa, si se quiere, pero racionalidad al fin y al cabo. El malvado quiere añadir un "más" a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener un "más" para sí procurando también un "más" a los demás, deberá obtener su "más" causando un "menos" a su prójimo. Estamos de acuerdo: esto no es justo, pero es racional, y siendo racional, puede preverse. En definitiva, las relaciones con un malvado son posibles puesto que sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones pueden preverse y, en la mayoría de los casos, se puede preparar la oportuna defensa.

Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida nos perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo racional de prever si, cuando, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.

Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, es lógico pensar que tienen todas las de ganar porque:

a) generalmente el ataque nos toma por sorpresa.

b) incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional.

El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. 

Y hay que tener en cuenta también otra circunstancia: la persona inteligente sabe que es inteligente; el malvado es consciente de que es un malvado y el incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Pero al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido y esto contribuye en gran medida a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su poder devastador.

 

Cuarta Ley Fundamental

 

No hay que asombrarse de que las personas incautas no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. 

El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. 

Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni las malvadas consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez. 

Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto. Se puede tan sólo formular la hipótesis de que, a menudo, tanto los inteligentes como los malvados, cuando son abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a sentimientos de autocomplacencia y desprecio en lugar de preparar la defensa y segregar inmediatamente cantidades ingentes de adrenalina ante tamaña situación de peligro.

Uno de los errores más comunes es llegar a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto no es más que confundir estupidez por candidez.

A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque:

a) está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez

y

b) da a la persona estúpida la oportunidad de desarrollar sus capacidades aún más allá de lo originalmente supuesto. Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga, pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones y muy pronto uno se verá arruinado y destruido sin remedio.

 

Todo esto aparece claramente sintetizado en la Cuarta Ley Fundamental que afirma que:

Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar y circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables.

 

Macroanálisis y Quinta Ley Fundamental

 

Las consideraciones finales del capítulo precedente nos conducen a un análisis de tipo "macro", según el cual, en lugar del bienestar individual, se toma en consideración el bienestar de la sociedad.

 

Quinta Ley Fundamental

 

La Quinta ley es, de largo, las más conocida.

Esta ley afirma que:

La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.

El corolario de la ley dice así:

El estúpido es más peligroso que el malvado.

 El punto esencial a tener en cuenta es éste: el resultado de la acción de un malvado perfecto representa pura y simplemente una transferencia de riqueza y/o bienestar. 

Si todos los miembros de una sociedad fuesen malvados perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada pero no se producirían grandes desastres. 

Pero cuando los estúpidos entran en acción las cosas cambian completamente. La personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece. 

En un país en decadencia existe una cuota de personas estúpidas.

En el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez. 

Y entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los incautos. 

Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos refuerza, inevitablemente, el poder destructivo de las personas estúpidas en el seno de una población y conduce al país a la ruina.

 

Resumen del original Allegro Ma Non Troppo by Carlo M. Cipolla., que es un poco más larguito

 

 

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