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Año 2002
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... tratando de entender por qué hay tantos estúpidos a nuestro alrededor y no nos damos cuenta que existen ...
... Pienso ...: ¿¿! seré estúpida... ??!
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(Es
interesante leer el texto completo, pero para los que se aburren con lo largo...
[Sic], sólo lean lo que destaqué en "negrita" tratando resultara un
resumen)
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Introducción
La humanidad se
encuentra - y
sobre esta afirmación el acuerdo es unánime - en un estado deplorable.
No anuncio ninguna novedad, lo sé. Si uno se atreve a mirar hacia atrás,
se dará cuenta de que la humanidad siempre ha estado en un estado
deplorable.
Desde Darwin sabemos
que compartimos nuestro origen con las especies del reino animal,
y somos conscientes de que todas las especies, desde el gusanito
[o la gusanita!!] manzanero hasta el
elefante africano, tienen que soportar su dosis cotidiana de
tribulaciones, temores, frustraciones, penas y adversidades. Los seres
humanos, sin embargo, poseemos el privilegio de tener que cargar
con un peso añadido: una dosis extra de dificultad cotidiana provocada por
un grupo élite de criaturas que, por curioso y contradictorio que
pueda parecer, pertenecen a nuestro propio género. Este grupo es mucho
más poderoso que la Mafia, más poderoso que cualquier institución
industrial-militar. Se trata de un grupo no organizado, que no se
rige por ninguna ley, que no tiene jefe, ni presidente, ni estatuto y que
aún así, cual guiado por una mano invisible, consigue actuar en
perfecta sintonía y de tal modo que las actividades de cada uno de sus
miembros contribuyen poderosamente a reforzar y ampliar la eficacia de los
miembros restantes.
Las páginas que siguen no
son más que el resultado de un esfuerzo constructivo por investigar,
conocer y, por tanto, posiblemente neutralizar, una de las más poderosas y
oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la
felicidad: hablamos de la estupidez humana.
Primera Ley Fundamental
Siempre
e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos
estúpidos que circulan por el mundo.
A primera vista la
afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o
quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de
lleno la rotunda veracidad de esta afirmación. Considérese lo que sigue.
Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de la
estupidez humana, siempre quedan estúpidos, de un modo repetido y
recurrente, debido a que:
a) personas que uno ha
considerado racionales e inteligentes en el pasado se revelan después,
de repente, inequívoca e irremediablemente estúpidas;
b) día tras día,
con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra
actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de
improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos
oportunos.
La Primera ley
Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de
personas estúpidas respecto del total de la población. Cualquier
estimación numérica resultaría ser una subestimación. Por ello en las
páginas que siguen se designará la cuota de personas estúpidas en el seno
de una población con el símbolo ƒ.
Segunda ley Fundamental
Las tendencias culturales
de moda en los países occidentales defienden una visión igualitaria de la
humanidad. Gusta pensar en la figura del hombre como el producto de una
perfecta obra de ingeniería creada por la evolución. La genética y la
sociología, sobre todo, se esfuerzan por demostrar, con un impresionante
aparato de información científica y complejas formulaciones, que todos los
hombres son iguales por naturaleza y que si algunos son más iguales que
otros, esto ha de atribuirse a la educación y al ambiente social y no a la
Madre Naturaleza.
Se trata de una opinión
extendida que yo, personalmente, no comparto. Años de observación y
experimentación me han convencido de que los hombres no son iguales,
de que algunos son estúpidos y otros no lo son, y de que la
diferencia no la determinan fuerzas o factores culturales sino los
intrincados caprichos biogenéticos de la Madre Naturaleza. Uno es estúpido
en la misma forma en que tiene el cabello rubio o pertenece a un
determinado grupo sanguíneo. En definitiva, uno nace estúpido por designio
inescrutable de la Divina Providencia.
Pero no me
malinterpreten: no soy ningún reaccionario que pretenda introducir
furtivas discriminaciones de clase o raza. Creo firmemente que la
estupidez es una condición repartida de manera totalmente igualitaria e
uniforme entre los grupos humanos. Este hecho está expresado
científicamente en la Segunda Ley Fundamental que sostiene que:
La
probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente
de cualquier otra característica de la misma persona.
El porcentaje ƒ de
estúpidos es siempre el mismo, independientemente de la dimensión o
ubicación del grupo estudiado. Ningún otro tipo de fenómeno objeto de
observación ha ofrecido jamás una prueba tan singular del aplastante poder
de la Naturaleza.
Intervalo Técnico
Llegados a este punto, es
necesario aclarar el concepto de estupidez humana y definir la dramatis
persona. Los individuos se caracterizan por diferentes grados de
propensión a la socialización.
Existen individuos para
quienes cualquier contacto con otros individuos es una dolorosa necesidad.
Estos se ven obligados, literalmente, a soportar a las personas, y las
personas se ven obligadas a soportarlos a ellos.
En el otro extremo del
espectro, se hallan los individuos que no pueden soportar de ningún modo
vivir en soledad y están dispuestos a pasar el tiempo en compañía de
personas que desprecian antes que estar solos.
Ya Aristóteles divulgó
este concepto al escribir que "el hombre es un animal social", y la
validez de su afirmación está demostrada por el hecho de que nos movemos
en grupos sociales, que existen más personas casadas que solteras, que se
malgasta mucho dinero y tiempo en exasperados y aburridos cocktail
parties, y que la palabra soledad suele tener connotaciones negativas.
Tercera Ley Fundamental
(Ley de Oro)
La tercera Ley
Fundamental aclara explícitamente que:
Una
persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo
de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso
obteniendo un perjuicio.
A la vista de esta
Tercera Ley Fundamental, las personas racionales reaccionan
instintivamente con escepticismo e incredulidad, pero si reflexionamos
bien, habrá que admitir que nuestra vida está salpicada de ocasiones en
que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y
buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a
la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre
causarnos daños, frustraciones y dificultades sin que ella vaya a ganar
absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede
explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace.
En realidad, no existe
explicación -o mejor dicho- sólo hay una explicación posible: la
persona en cuestión es estúpida. Y no sólo esto, desafiando los
instintos de supervivencia más básicos, existen personas que, con sus
inverosímiles acciones, no sólo causan daños a otras personas, sino
también a sí mismas. Estas personas pertenecen al género de los
superestúpidos.
El Poder de la Estupidez
No resulta difícil
comprender de qué manera el poder político, económico o burocrático
aumenta el potencial nocivo de una persona estúpida. Pero nos queda aún
por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve a una persona
estúpida o, en otras palabras, en qué radica el poder de la estupidez.
Esencialmente, los
estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les
resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido.
Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado. Las
acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad. Racionalidad
perversa, si se quiere, pero racionalidad al fin y al cabo. El malvado
quiere añadir un "más" a su cuenta. Puesto que no es suficientemente
inteligente como para imaginar métodos con que obtener un "más" para sí
procurando también un "más" a los demás, deberá obtener su "más" causando
un "menos" a su prójimo. Estamos de acuerdo: esto no es justo, pero es
racional, y siendo racional, puede preverse. En definitiva, las relaciones
con un malvado son posibles puesto que sus sucias maniobras y sus
deplorables aspiraciones pueden preverse y, en la mayoría de los casos, se
puede preparar la oportuna defensa.
Con una persona
estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura
estúpida nos perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y
lugares más improbables y más impensables. No existe modo racional de
prever si, cuando, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su
ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente
desarmado.
Puesto que las acciones
de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la
racionalidad, es lógico pensar que tienen todas las de ganar porque:
a) generalmente el ataque
nos toma por sorpresa.
b) incluso cuando se
tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa
racional porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo
de estructura racional.
El hecho de que la
actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente
erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que
hace extremadamente difícil cualquier contraataque.
Y hay que tener en cuenta
también otra circunstancia: la persona inteligente sabe que es
inteligente; el malvado es consciente de que es un malvado y el incauto
está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Pero al
contrario que todos estos personajes, el
estúpido no sabe que es estúpido y
esto contribuye en gran medida a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a
su poder devastador.
Cuarta Ley Fundamental
No hay que asombrarse
de que las personas incautas no reconozcan la peligrosidad de las personas
estúpidas.
El hecho no representa
sino una manifestación más de su falta de previsión.
Pero lo que resulta
verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni
las malvadas consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y
destructor de la estupidez.
Es extremadamente difícil
explicar por qué sucede esto. Se puede tan sólo formular la hipótesis de
que, a menudo, tanto los inteligentes como los malvados, cuando son
abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a
sentimientos de autocomplacencia y desprecio en lugar de preparar la
defensa y segregar inmediatamente cantidades ingentes de adrenalina ante
tamaña situación de peligro.
Uno de los errores más
comunes es llegar a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí
misma, pero
esto no es más que confundir estupidez por candidez.
A veces hasta se puede
caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto
de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que
efectos desastrosos porque: a) está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez
y b) da a la persona estúpida la oportunidad de desarrollar sus capacidades aún más allá de lo originalmente supuesto. Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga, pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones y muy pronto uno se verá arruinado y destruido sin remedio.
Todo esto aparece
claramente sintetizado en la Cuarta Ley Fundamental que afirma que:
Las personas no estúpidas
subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no
estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento,
lugar y circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se
manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.
A lo largo de los siglos,
en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en
cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas
incalculables.
Macroanálisis y Quinta
Ley Fundamental
Las consideraciones finales del capítulo precedente nos conducen a un análisis de tipo "macro", según el cual, en lugar del bienestar individual, se toma en consideración el bienestar de la sociedad.
Quinta Ley Fundamental
La Quinta ley es, de largo, las más conocida.
Esta ley afirma que:
La
persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.
El corolario de la ley
dice así:
El
estúpido es más peligroso que el malvado.
El punto esencial a tener en cuenta es éste: el resultado de
la acción de un malvado perfecto representa pura y simplemente una
transferencia de riqueza y/o bienestar.
Si todos los miembros de
una sociedad fuesen malvados perfectos, la sociedad quedaría en una
situación estancada pero no se producirían grandes desastres.
Pero cuando los estúpidos
entran en acción las cosas cambian completamente. La personas estúpidas
ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para
ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece.
En un país en decadencia
existe una cuota de personas estúpidas.
En el resto de la
población se observa, sobre todo entre los individuos que están en poder,
una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de
estupidez.
Y entre los que no están
en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los
incautos.
Tal cambio en la composición de la población de los no
estúpidos refuerza, inevitablemente, el poder destructivo de las personas
estúpidas en el seno de una población y conduce al país a la ruina. |
| Resumen del original Allegro Ma Non Troppo by Carlo M. Cipolla., que es un poco más larguito |